Visitantes

637316
Hoy
Ayer
Esta semana
La semana pasada
Este mes
El mes pasado
All days
638
504
1142
99119
6561
9153
637316

Your IP: 54.227.127.109
2017-12-18 22:06

¿Quién está en línea?

Hay 5 invitados y ningún miembro en línea

Por lo tanto la metáfora es particularmente interesante para intentar transmitir una experiencia, especialmente palpatoria y recurrimos a ella generosamente en la pedagogía del abordaje tisular el cual se propone llevar los participantes a vivir una experiencia la más rica posible. Es inmediatamente utilizable, y puede ser testada nada más ha sido evocada. Crea un mundo de relación basado sobre la escucha y el sentir más que sobre la construcción intelectual y la proyección de un preestablecido o de un preconcebido. En efecto, el lenguaje nos obliga a construir lo que deseamos transmitir antes de transmitirlo. La metáfora nos permite colocarnos, al contrario en una situación de recepción, de escucha. Por consiguiente, nos permite ser más « auténtico » en referencia a lo que desean transmitir las consciencias corporales de nuestro paciente. Sin embargo, incluso si permite transmitir o percibir mucho más que el discurso, no evoca más que una parte de la situación vivida y por consiguiente debe ser utilizada y sobre todo generalizada con precaución. Os propongo algunas metáforas utilizadas corrientemente hoy en día para intentar ayudar a los participantes a los cursos de abordaje tisular en la mejora de su enraizamiento, de su presencia y en el encuentro con los tejidos vivos de sus pacientes.

Enraizamiento

Para ayudar al enraizamiento se le pide a la persona imaginarse como aspirada hacia abajo, el centro de la tierra, hacia lo pesado. Una imagen que « funciona » bien según los dichos de los participantes, es la de un cuerpo pesado que desciende lentamente, pero inexorablemente hacia el fondo del agua después de que se haya cortado el lazo que lo retenía a la superficie. Hablar de un lazo que retiene evoca un soltar lastre en vez de la idea de hundirse « con fuerza ». La actitud, y pues lo que se vive, es diferente ya que si se pone fuerza en esta acción (como en las demás), se crea al mismo tiempo una contra-fuerza, idéntica y opuesta. Con lo cual es más un « dejar hacer » que algo forzado.

Soltar lastre

Aquí, se trata de dejar el ser reunirse con su « mundo nativo », el de la consciencia. La evocación es todavía más difícil ya que no estamos en lo concreto. La idea sería más bien dejarse « esparcir », eliminar sus verdaderos límites o supuestos, ir hacia lo vasto, lo ligero, como un globo (el globo otra vez…) hinchado con helio que se eleva inexorablemente hacia el cielo una vez la cuerda que lo retenía se ha roto… Finalmente es la misma clase de acción que el enraizamiento, pero esta vez, « hacia arriba. »

No obstante, recordemos que el objetivo es encontrar la posición justa en el aquí y el ahora entre estos dos soltares lastre, el hundimiento y la elevación, la tierra y el cielo y que la verdadera posición, del centraje entre los dos polos se nos indica a través de la percepción corporal agradable y si trabajamos con el globo en las manos, la sensación de un movimiento lento, amplio y tranquilo.

Reunirse con lo denso

No es útil recordar que nos interesamos particularmente a las densidades corporales de nuestros pacientes y que para alcanzarlas, con la finalidad de entrar en comunicación con ellas para ayudarles a que se liberen, es necesario, para nosotros también, entrar dentro de la densidad.

Hoy en día, el enraizamiento es el método esencial utilizado para ir dentro de lo denso. Pero para que funcione correctamente, no hay que olvidar seguir relacionado con lo ligero, la consciencia, el cielo…

Algunas imágenes pueden ayudarnos seriamente cuando debo acompañar las estructuras/consciencias corporales del paciente dentro de la dificultad.

El tiro a la cuerda
Cuando la acción requiere alguna tracción, una buena práctica consiste en representarse el estado en el cual me colocaría si tuviese que participar a ese juego. Para ser obtener buenas prestaciones, por supuesto que hay que enraizarse profundamente, ya que la fuerza toma su apoyo en el suelo. Imaginarme adoptando las disposiciones necesarias para una partida de tiro a la cuerda me lleva casi automáticamente a enraizarme más, lo que me proporciona un fulcro de mayor calidad. La fuerza viene de abajo, y no de arriba.

Empujar el armario
¿ Quién no intentó un día empujar un objeto pesado (un baúl, un armario, un coche averiado, etc.) para desplazarlo ? Imaginarse colocándose para esta acción, una vez más, me llevará a enraizarme más para proporcionar un punto de apoyo estable a partir del cual voy a poder empujar. Es ese descenso hacia los apoyos en el suelo que me permitirá ser más potente, por consiguiente desplegar menos fuerza para actuar. La fuerza viene de abajo, no de arriba.

Abrir el tarro
Otra situación interesante es aquella que adopto cuando busco abrir un tarro de confitura (o de pepinillos…) que resiste. Generalmente, inconscientemente, lo primero que hago incluso antes de forzar, es bajar dentro de mi « ara », es decir en mi pelvis y en los pies una vez más para proporcionarme un punto de apoyo estable. Cuando una estructura entra en la dificultad, el mero hecho de representarme en la situación del tarro a abrir me da la potencia necesaria para ayudar considerablemente a que se hagan las cosas, con menos esfuerzo… La fuerza viene de abajo, no de arriba. Inténtalo y verás.