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2017-10-18 22:22

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Para ilustrar el procedimiento inductivo, tomo el ejemplo de la historia de Sutherland y de su «idea loca», el posible movimiento de las estructuras craneales. A partir de la observación de las articulaciones entre los huesos craneales (algo concreto y observable), él formuló la hipótesis de una posible movilidad de las estructuras entre sí (lo cual no observaba, en todo caso, no todavía). La idea de base era : si hay articulaciones, es que hay movimiento; idea tan fuera de lo real en aquella época que él mismo tuvo mucha dificultad en aceptarla (advirtamos que Still se tropezó con un problema parecido con el movimiento del sacro entre los iliacos…)

Esta aceptación parece haber sido la condición previa necesaria para una experiencia novedosa : la percepción de un movimiento entre los huesos del cráneo. Es como si ésta hubiera abierto una puerta hasta entonces cerrada. Para un gran número de nuestros contemporáneos, dicha puerta permanece cerrada todavía : la idea de un movimiento entre las estructuras craneales les sigue pareciendo loca… Así, muy a menudo, aquello que yo creo posible o no, hace la experiencia posible o no…De todas maneras, insistamos sobre la idea de que no se trata de creer ciegamente, sino simplemente aceptar un posible en lugar de rechazarlo de entrada.

Una realidad totalmente relativa

Acreditemos la idea de que la aceptación de un posible movimiento craneal haya abierto la puerta a la percepción de unos ciertos movimientos en el cráneo. Por tanto, ahora tenemos la puerta abierta, lo cual me hace perceptible el movimiento, pero el hecho que yo lo perciba no indica ipso facto que sea real.

Es real para mí, desde luego, yo lo he experimentado, pero dicha realidad es relativa y no absoluta. Por desgracia, muy a menudo, ya que algo es real para mí (yo lo experimento, yo lo siento), pienso que debe serlo igualmente para todo el mundo. ¡ No hay nada menos cierto que eso ! De esa manera, nuestra certeza en cuanto a la movilidad craneal, por lo que se ve, no crea ningún consenso, incluso entre los osteópatas.

Ahora que tengo la percepción, me gustaría transmitir mi experiencia, que otros se beneficiasen de ella. ¿Qué hay de más humano que esto? Pero como se trata de una experiencia sensorial, las cosas no son tan sencillas. De esta manera, Sutherland se tropezó con varios escollos cuando quiso transmitir y hacer compartir su experiencia. Especialmente el de la modelización, después el de la transmisión y por último, el de la reproducción.

Modelizar

Yo concibo (sin razón quizás) la modelización como la condición previa indispensable para la transmisión. Lo que me hace ver las cosas de esta manera, es que yo no puedo transmitir una experiencia. Es una vivencia personal y seguirá siendo así siempre. Por el contrario, puedo transmitir un concepto (o en todo caso, intentarlo). Pero esto me obliga a utilizar un modelo ya existente, o a crear uno. Es lo que hizo Sutherland : para representar más concretamente su percepción del movimiento craneal, creó el famoso modelo de los ejes, el cual todos nosotros conocemos y que muchos de entre nosotros han tenido tanta dificultad en integrar.

¿ Un modelo mal adaptado ?

Para hacer eso, Sutherland tuvo que recurrir a las herramientas conceptuales a su disposición en aquel entonces y que él controlaba : herramientas de mecánica común y corriente, es decir, unas palancas rígidas articuladas sobre ejes. Pero dicho modelo mecánico pertenece a un nivel del cono que no es el de la realidad y el de las percepciones que él quería describir (probablemente, mucho más complejas). Él se encontró enfrentado a un problema real : describir con las herramientas de un nivel inferior una experiencia y unas percepciones de un nivel superior.

Transmitir

Este problema es realmente impositivo, no solamente para mí que busco ciertas palabras, ciertas imágenes (a menudo más expresivas), para expresar lo que siento, sino también para aquellos a los que me dirijo. Para mantenerme a su alcance (estar adaptado a lo que es real para ellos), estoy obligado a utilizar unas herramientas de transmisión de su nivel, con el fin de describir algo de otro nivel…

El modelo de los ejes es interesante en la medida en la que éste ha permitido una sencilla representación concreta, fácilmente transmisible de una comprensión de la mecánica craneal. Pero su sencillez ha obligado a « cerrar la puerta » a todo aquello que no encajaba en ello : al cerrar el concepto, se ha cerrado la puerta a las percepciones. Hemos tenido que « recortar » la percepción para hacerla coincidir con el modelo y a la vez que se ha limitado el terreno de la percepción « legal », se ha cerrado la posibilidad del florecimiento de otras percepciones. Es muy probable que esto incluso no se haya echo conscientemente; sino más bien  automáticamente.

Durante mucho tiempo, hemos funcionado haciendo uso de dicho modelo. Éste ha permitido acceder a gran número de personas al concepto craneal. Pero también ha impedido a muchas otras llegar a él, por la sencilla razón de que si no se percibía aquello que se pedía, automáticamente se estaba fuera de juego. De esta manera, aunque haya resuelto algunos problemas, dicho modelo ha planteado muchos más.

Una realidad demasiado simplificada

Esta simplificación se hace a diferentes niveles. Por una parte, limita la consideración del cráneo viviente a un aspecto mecánico, por otra parte, lo relega a una descripción mecánica « dura ».

Citemos primero la mecánica « dura ». Se trata de la descripción de movimientos de piezas rígidas articuladas sobre unos ciertos ejes. ¿ Aún falta saber si somos conscientes de que dichos ejes no existen en realidad ? Éstos solo existen en nuestras cabezas, en las nuestras que somos los creadores o « perpetuadores » del modelo, pero no en los cráneos de nuestros pacientes. De tanto utilizarlos, acabamos por pensar que son completamente reales, lo que no es cierto. Peor todavía, algunos profesores estarían (casi) dispuestos a hacerse cortar en rodajas por defender la existencia de dichos ejes y, más grave, no dudan en tiranizar a sus estudiantes en cuanto a su descripción, milimétrica… ¡ Qué locura ! ¡ La rigidez no está en la mecánica craneal sino en nuestro psiquismo !

Mucho más probable, nos las vemos con un sistema plástico, el cual se deforma. La representación a través de un sistema articular, aunque no es totalmente falsa, es completamente parcial y no da cuenta más que de una pequeña parte de la realidad de las estructuras craneales vivas y en movimiento. Me parece más apropiado imaginarse las estructuras de la base del cráneo como las partes de una flor la cual, alternativamente, se abre y se cierra, o florece y se retrae, a partir del centro. Pero para entrar en este real, hay que aceptar abandonar el modelo basado en los ejes.

Limitar la vida a la mecánica

Otro inconveniente es limitar a la mecánica la interpretación de aquello que se percibe, mientras que es obvio que, los tejidos (craneales u otros) parecen expresar muchas más cosas. La mecánica no es más que un medio de expresión, el cual me permite percibir materialmente aquello que trata de expresarse. La realidad tisular es mucho más compleja que lo que la movilidad sobre unos ejes permite considerar. Pero detrás de dicha mecánica, ¡ cuántas sutilezas que comprender ! ¿Qué puertas debo abrir para acceder a dicha sutileza? Claro, el modelo de los ejes, aunque puede ayudar en un cierto momento de la evolución del estudiante para comprender los movimientos, muy pronto se convierte en un sistema de encerramiento.

Por último, añadamos que por evidentes razones pedagógicas, se hace uso de tanta insistencia sobre el respeto del modelo, que al mismo tiempo ésta establece la prohibición de franquear sus límites y hace emerger el miedo a hacerlo mal, a traicionar, a embarcarse en « lo que sea », prohibiendo de hecho el « dejarse ir » para vivir una experiencia, libremente, « a su manera » y cierra toda posibilidad de « ir más lejos ».

Salir del marco

Personalmente, solo cuando acepté franquear dichos límites, aquellos que me habían impuesto, es cuando comencé a sentir algunas cosas. Pero como lo repito a menudo, dichas « cosas » no formaban parte de las percepciones legales y yo no tenía ningún referencial para ellas. Por tanto, he tenido que crearlo. Es esto lo que ha desembocado, después de algunos años de tanteo, en el modelo del abordaje tisular, tal como lo proponemos hoy en día.

Al principio, no fue en absoluto por placer. Yo me veía como un traidor, sentía mucha culpabilidad y no me atrevía a hablar de lo que experimentaba. Además, yo no sentía el derecho ni la competencia para criticar el modelo que habían tratado de inculcarme. Me parecía que era faltar el respeto más elemental hacia mis maestros, los cuales habían tenido tanta dificultad en crear todo eso. Obviamente, era yo quien se confundía, verdaderamente era « un tarugo » en palpación.

Por tanto, he necesitado tiempo… Pero como dice Coluche[3], « cuando se franquean los límites, ¡ ya no hay límites ! ». De esta manera, a partir del momento en el cual acepté confiar en mí o más bien fiarme de mis percepciones, por extrañas que parezcan, comencé verdaderamente a percibir unas ciertas cosas y al hacerles caso, a obtener unos resultados interesantes con los pacientes.

Necesidad de apertura

Con bastante rapidez, comprendí que lo que era importante no era tanto lo que yo percibía, ni hacer lo necesario para que los demás percibieran lo mismo que yo, sino crear unas condiciones que nos permitieran percibir, lo mejor posible. Y conjuntamente, muy pronto sentí la necesidad de concebir un modelo que me permitiera explicar no precisamente la percepción, sino lo que yo hacía para percibir. Un modelo que estuviese en concordancia con el nivel del cono en el cual yo estaba evolucionando, distinto del modelo puramente mecánico.

En este terreno las repuestas esenciales, no las encontré a través de los osteópatas. Ellos no las tenían, o al menos, las aplicaban sin ser conscientes de ellas. Además, éstas no pertenecen específicamente al ámbito de la osteopatía, sino de manera más amplia al de la vida (la cual engloba, obviamente el ámbito de la osteopatía). Son los fundamentos de la relación : presencia, atención e intención.

Estas respuestas y el modelo que se deriva de ellas tienen eso que es especialmente interesante ya que ambos no encierran en un esquema que debo reproducir tal como me ha sido inculcado, sino que proporcionan unas herramientas que me permiten ser autónomo y vivir una relación verídica en el instante que estoy con mi paciente y sus estructuras vivas. De ello se deriva, para el mayor perjuicio de algunos, que las percepciones que resultan de ello son extremadamente variables según las personas presentes, y por tanto no reproducibles de un osteópata a otro. ¡ Pero qué apertura !

¿ A cada cual su camino ?

En el transcurso de mi progresión, no he tenido claramente consciencia de lo que hacía. Me he conformado con intentar resolver las dificultades que encontraba, responder a las preguntas que yo me planteaba, en resumen, seguir mi camino, tal como éste se presentaba a mi consciencia, a medida que yo avanzaba. Esto fue un descubrimiento maravilloso (de hecho, pienso que no ha acabado). Pero solamente a posteriori es cuando me doy cuenta del camino recorrido, como el montañero que se gira para contemplar el camino recorrido y sobretodo el nuevo panorama que se abre frente a él, el cual ni tan siquiera hubiera podido adivinar…

Esto también es lo que me interesa en mi actividad como docente. No tanto el transmitir mi experiencia, es decir forzar a la gente a seguir el mismo camino que yo, sino proponerles unas herramientas que les permitan vivir sus propias experiencias, es decir trazar su propio rumbo, el cual será forzosamente diferente del mío. Siendo lo importante no seguir los mismos caminos, sino seguir nuestros propios caminos, los cuales finalmente no son tan divergentes que digamos.

Por naturaleza fuera del marco

Lo que acabo de escribir sobre la necesidad en la cual me encontré de salir del marco estrecho que me habían impuesto para llegar a sentir algo, y sobre toda la evolución personal que se ha derivado de ello, me hace reaccionar y evocar el camino de los osteópatas en cuanto a grupo. Yo los veo vivir una situación inversa : ellos estaban de manera natural fuera del marco y han echo de todo y continúan haciéndolo, para entrar en él.

Es obvio  (para mi en todo caso), que la osteopatía se apoya sobre un conjunto de conceptos verdaderamente originales en relación al actual sistema biomédico. Tan originales y diferentes que para un osteópata es muy difícil hacerse comprender por un médico, a la vez que se mantiene como osteópata, es decir con un discurso de osteópata. Dichos conceptos, yo los veo en la misma medida como herramientas que nos permiten comprender y ayudar a nuestros pacientes de una manera verdaderamente original y a menudo, muy eficaz. Evidentemente, nuestro real de base no es el del médico, lo que nos sitúa, de hecho, fuera del actual marco biomédico.

Ahora bien, más que vivir tranquilamente esta originalidad, muchos osteópatas en su falta de reconocimiento, acompañada de un cierto malestar (mal-ser), no sueñan más que con una cosa, conseguir entrar en el marco biomédico. Esto me parece tan chiflado y desencaminado, que me pregunto si éstos verdaderamente han comprendido e integrado los conceptos fundamentales de la osteopatía (de hecho, ¿ les han hablado de ellos ni tan siquiera ?).

La recientísima historia del reconocimiento y de los decretos en Francia nos da una vergonzante lección : hemos entrado (en parte) en dicho marco. Pero, ¿ a qué precio ? Al precio de la eliminación pura y dura de la casi totalidad de aquello que hace precisamente original a la osteopatía. Acabamos de dejarnos cortar nuestras alas cruelmente. ¡ En serio, es algo muy caro, es pagar demasiado caro por unas ventajas que todavía me parecen estar por descubrir !

El trabajo de los osteópatas de las futuras generaciones será el de gestionar este estúpido legado. Me parece que la tarea no será fácil. Pero me atrevo a soñar que esto será posible (al fin y al cabo, el pensamiento es creador, ¿ no ?) Quizás también, ¿ estas dificultades sean un mal necesario para que por fin reconozcamos la gran calidad de la herencia legada por Still ? A veces, perdiendo algo es como uno se da cuenta hasta qué punto era esencial.

Cono2Osteópata buscando la manera de hacer entrar la osteopatía en un marco estrictamente científico.


[1] Del blog de Pierre Tricot Approche tissulaire de l’ostéopathie (Abordaje tisular de la osteopatía), http://www.approche-tissulaire.fr. Escrito el 8 octubre del 2009.
[2] Modelizar : crear un modelo.
[3] Michel Gérard Joseph Colucci, alias Coluche, (1944-1986) fue un humorista francés y activista por los derechos sociales, candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1981, fallecido en un accidente de moto.