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Un ejemplo corriente de estructura de tensegridad es la rueda de bicicleta. En dicha estructura, el cubo y la llanta son las estructuras en compresión y los radios apretados entre los dos, los elementos en tensión. Éstos proporcionan los medios que permiten a las fuerzas ser transmitidas del suelo al ciclista y viceversa. Aún cuando cada radio, separado de la estructura unificadora de tensegridad es frágil y puede torcerse con mucha facilidad, la organización colectiva de los radios en triangulación y tensión constituye una disposición particularmente estable, sólida y ligera.

Hoy día el concepto de tensegridad interesa particularmente a los investigadores en biología, los cuales constatan su omnipresencia en la naturaleza y los organismos celulares, incluso en el cuerpo humano. Ven el citoesqueleto de las células animales como concebido  a partir de dichas estructuras : los microtúbulos están en el centro de una red de fuerzas de coacción compresivas ejercidas a través de los filamentos. Parece que se pueda aplicar este modelo de construcción a todas las partes del cuerpo, desde la organización microscópica hasta la organización macroscópica. (Mégret, 2003).

Duramadre y tensegridad

Lo que hoy me hace hablar de la tensegridad, no son tanto las investigaciones avanzadas a las cuales ésta ha dado lugar en el ámbito de la biología, como su aplicación al concepto craneal y las consecuencias que pueden resultar de ésta en cuanto a la manera de vivirlo y describirlo.

En su libro, Interface (Interfaz)[3], Paul Lee, menciona la tensegridad y la aplica a la organización del sistema craneal, especialmente a la duramadre, sistema de tensión recíproca.

« En el cráneo, los huesos constituyen los elementos de compresión y las membranas los cables en tensión. Como la tensión en los radios de la rueda de la bicicleta, la tensión membranosa proporciona una estructura sólida, dinámica y estable. En el interior de la bóveda, los tres haces proporcionan una disposición triangular en la cual las fuerzas pueden cooperar, lo cual permite a la bóveda cambiar de forma, sin cambiar de volumen. » (Lee, 137)

¿De qué modo, contemplar el mecanismo craneal como un sistema de tensegridad nos interesa y puede modificar en algo la concepción que tenemos de él y en la manera de abordarlo ?

Experiencias en la palpación craneal

Al principio de los cursos de nivel 1 del abordaje tisular, después de haber descrito los parámetros de palpación, pedimos a los participantes que tomen contacto con el cráneo de su compañera/o y, suavemente, muy lentamente, muy progresivamente, que comiencen a comprimirlo hacia el centro y que al mismo tiempo aumenten progresivamente la tensión (isométrica) en sus manos.  Cuando los participantes lo hacen de manera suficientemente progresiva, consiguen una percepción de plasticidad, es decir la sensación de tener bajo la mano una bola que se mueve y se deforma en respuesta a la presión. He aquí, a mi parecer, una percepción típica de tensegridad.

El camino: percepción, después la modelización

Volvamos hacia atrás. Imaginemos los primeros contactos de Sutherland con su propio cráneo y con el de otras personas vivas, antes de que un modelo concreto hubiera sido elaborado. Podemos imaginar - y solamente imaginar, puesto que no tenemos ninguna reseña sobre esas primeras experiencias - que sin un modelo preconcebido, Sutherland pudo obtener ese tipo de percepción.

Dicha percepción ha dado lugar, en mi opinión, a dos cambios paradigmáticos principales : además de la idea de un posible movimiento craneal, ésta ha obligado a considerar los huesos ya no como una estructura rígida, sino como una estructura plástica (Sutherland habla de fluido). Efectivamente, ¿ cómo aceptar la idea de un movimiento craneal, sin al mismo tiempo, aceptar la idea de una deformación ósea que adapta ese movimiento ? Y si el hueso puede deformarse, es porque dispone de una cierta plasticidad. Esto parece no tener importancia, pero es un cambio capital en la manera de concebir y experimentar la estructura ósea viviente.

Primero, cambiar de idea…

Aceptar cambiar de idea sobre el hueso es probablemente el primer trámite realizado (probablemente de manera implícita) por Sutherland. Conocemos la historia : al tiempo que comienza con sus estudios en osteopatía, se topa con un cráneo parcialmente desarticulado. Germina a partir de ese momento, en él aquello que considerará durante mucho tiempo como su idea loca :

« Mientras que permanecía contemplando, a la vez que pensaba, inspirado por la filosofía del Dr. Still, me llamó la atención la presencia de los biseles de las superficies articulares del hueso esfenoides. Súbitamente tuve esta idea, - como un pensamiento-guía, - “ biseladas, como las agallas de un pez, indicando una movilidad para un mecanismo respiratorio ” . » (Sutherland A., 40).

Dicha idea loca le llevó a cambiar dos ideas fijas : la inmovilidad de los huesos del cráneo y la completa rigidez del hueso. En lo relativo a la rigidez ósea, estamos formateados desde nuestros primeros « encuentros » con el hueso, los cuales se hacen mediante unos especimenes reducidos a su parte mineral, seca, quebradiza, dura. Es a partir de esta experiencia inicial como se elabora nuestro primer referencial de la estructura ósea. Y como ésta es la primera, prevalece implícitamente en tanto que una experiencia diferente no nos obligue a reevaluarla. Este mal percibido se refuerza por el hecho de que en estado de consciencia normal, el hueso efectivamente nos aparece como rígido. ¿ Acaso no es el armazón ? ¿ Entonces, cómo podría ser de otra manera que no fuese rígida ?

« Nosotros no discernimos que dicha rigidez es relativa. De hecho, el hueso viviente es a la vez rígido y flexible. Es rígido gracias a sus componentes minerales, pero igualmente es flexible gracias a sus componentes orgánicos. Cuando lo percibimos rígido, nosotros nos remitimos a nuestra consciencia mineral. Pero remitiéndonos a nuestra consciencia orgánica (la vida), podemos percibirlo flexible. Es al modificar nuestro estado de consciencia (especialmente mediante el trabajo sobre la presencia) y al concordar con los parámetros objetivos (densidad) de la estructura ósea, como podemos comenzar a percibirla como plástica y a modificar nuestro modelo, nuestra concepción » (Tricot, 2002, 85).

Parece ser que solo la experiencia tenga el poder de modificar, de reactualizar un modelo implícito. Pero para poder experimentar de una manera nueva, hay que aceptar cambiar de idea sobre las cosas, aceptar que éstas puedan ser diferentes de lo que nosotros pensábamos, aceptar que otra realidad pueda existir y no ser obligatoriamente una realidad loca. Hay que aceptar desconectarnos del pasado para conseguir una experiencia nueva. Este cuestionamiento no es tan evidente como parece, como nos lo muestran todos los días los detractores de la osteopatía. Pero, habiéndolo integrado, podemos comprender a Sutherland cuando escribe : « Los tejidos óseos son igualmente fluidos. » (Sutherland, 1990, 127).

Después tratar de comprender

La siguiente etapa consistió en tratar de comprender a qué podría corresponder dicha percepción, lo cual ha llevado a la creación de un modelo. Pero Sutherland no conocía la tensegridad. Por tanto recurrió a unas modelizaciones mecánicas conocidas por él, antiguo impresor, oficio en el cual los profesionales están confrontados incesantemente con la mecánica. De hecho, él utilizó a menudo el modelo de ruedas dentadas para explicar la mecánica craneal, modelo que habla de unas estructuras rígidas articuladas sobre unos ejes, éstos también, rígidos. Sutherland hace uso de ello en su metáfora del relojero :

« Esta imagen debería ser semejante a la del relojero que posee un conocimiento mecánico de los mecanismos complejos de un pequeño reloj de mujer. Sin esta imagen mental detallada de la estructura del cráneo, el mecánico en osteopatía de la estructura ósea humana, limitará prudentemente su pericia a las cosas con las que está familiarizado. Sin este conocimiento exacto de las superficies articulares del cráneo, es casi seguro que él dudará en admitir las afirmaciones del autor de este artículo relativas a las fuerzas de coacción articulares membranosas. » (Sutherland 1998, 80).

Estos modelos y metáforas, si han podido ser útiles para la elaboración del modelo de movimiento del mecanismo craneal, presentan sin embargo un inconveniente principal: éstos no son más que una aproximación tosca de aquello que ocurre realmente en el sistema viviente. Sutherland y los primeros estudiantes del concepto craneal podían conformarse con ello, al menos por una razón bastante sencilla de comprender: la plasticidad se había convertido en su realidad ordinaria en cuanto a la concepción y a la percepción del sistema craneal, de tal forma que, cuando tiempo después ellos establecieron el modelo mecánico de palancas rígidas sobre unos ejes, seguían teniendo en su  mente y en su experiencia corporal, la plasticidad presente en el sistema. Implícitamente, ésta estaba asociada al modelo mecánico centrado sobre ejes y palancas.

« El tronco del roble más potente conserva un cierto grado de flexibilidad hasta el momento en el que se convierte en un grueso leño sin savia. Se podría decir lo mismo en relación a la flexibilidad del cráneo, en tanto que la savia permanezca en él. » (Sutherland A., 47).

Por tanto, ellos fueron capaces desde el principio de  relativizar la veracidad del modelo mecánico, al vivirlo, probablemente de manera implícita, como plástico también. Ellos tenían en las manos y en la experiencia la tensegridad, pero sin tener el concepto, el modelo que les permitiera explicarlo con precisión.

Hoy en día, primero el modelo, después la percepción

Si hoy en día reflexionamos sobre la manera en la cual, la mayor parte del tiempo, se explica y se experimenta en las escuelas de osteopatía el sistema craneal, podemos constatar que se utiliza el procedimiento inverso : el modelo (mecánico) se describe en primer lugar y la experiencia en la palpación se propone en segundo lugar. Y como el modelo es el de la rigidez de la mecánica de palancas/ejes, es éste el que el joven experimentador tiene tendencia a llevar consigo cuando se proyecta en el cráneo de su paciente. Pero el cráneo de los pacientes no ha aprehendido relojería y no habla ese lenguaje. Éste ha aprehendido (o más exactamente, vive) la tensegridad, la plasticidad. Es ésta la que habría que buscar lo primero.

Para ser más precisos, los ejes craneales, especialmente aquellos que han sido descritos por Magoun, no existen. Éstos son una tentativa de representación de aquello que ocurre en un cráneo en movimiento, pero son virtuales. Pueden ser útiles a partir del momento en que el estudiante ha experimentado verdaderamente la plasticidad, pero de otra manera, son una aproximación particularmente limitadora, especialmente cuando uno se aferra a su existencia y a su descripción precisa, las cuales son incompatibles con el concepto de plasticidad.

Por poco que nos tomemos las molestias para contactarlo con precaución, el cráneo (y creo que casi cualquier otra estructura del cuerpo) nos dice que no está constituido de palancas articuladas sobre unos ejes, sino por unas estructuras organizadas en ciertos esquemas de tensegridad. También nos dice que no funciona como un sistema mecánico de palancas articuladas sobre ejes, sino como un sistema de fulcros intricados e integrados. Igualmente creo que para aclararse verdaderamente, uno debe abordarlo a través de su realidad, la de la tensegridad y no a través de una realidad aproximada y proyectada después por el osteópata, la de los ejes.

El camino del abordaje tisular

Durante mucho tiempo la palpación ha constituido para mí el obstáculo principal de mi avance en osteopatía. Yo evoco estas dificultades y el camino que tomé para superarlas en Discípulos de Colón[4], al explicar que en tanto que yo quise sentir el movimiento de los huesos del cráneo tal como me habían sido descritos según su modelo mecánico y sobre todo sin apoyo o casi sobre el cráneo, yo no sentía nada. Comencé a sentir algo cuando acepté abandonar el modelo de los ejes, entrar en la densidad y establecer un acuerdo con la tensión de las estructuras que sentía bajo la mano. Sin saberlo (yo no conocía el modelo), estaba de lleno en la tensegridad, de la cual los dos elementos mecánicos claves son justamente la compresión (densidad para nosotros) y la tensión. Gracias a estos dos parámetros es como yo he podido salir de mis problemas de palpación y como el sistema empezó, como por milagro, ¡ a responder por fin !

« Por último, descubrí algo sorprendente : una vez bien establecido el acuerdo con el estado de densidad de una estructura – aún siendo ésta ósea -, ¡ se tiene la sensación de trabajar con algo fluido ! Viola Frymann nos explicó esto en una clase sobre la palpación : “ ¿ Cómo podéis testar la madurez de un fruto maduro ? Si la presión ejercida por vuestros dedos excede la resistencia opuesta por los tejidos de la fruta, la carne de la fruta se machacará, se magullará, en función de la fuerza de la presión. Si, al contrario, las fuerzas de resistencia a la presión de la fruta no madura exceden la presión de una mano muy tímida, no obtendréis ningún conocimiento sobre la madurez de la fruta. No seréis informados sobre su madurez más que adecuando vuestra presión a las fuerzas de resistencia que emanan de la fruta, y así no la estropearéis. ” (Frymann, 1963, 16-31). En el momento del acuerdo entre nuestro apoyo y la resistencia de la fruta tenemos una sensación de tipo fluídico. » (Tricot, 2002,22).

Hoy en día, con el fin de evitar las confusiones engendradas por la utilización de la palabra fluido o fluídico, yo sustituiré fluido por plástico y fluidez por plasticidad.

Tensegridad, realidad mecánica de los tejidos

Aunque no lo supe en el momento en el que yo los utilicé e institucionalicé, los parámetros objetivos de densidad y de tensión me parecen corresponder a dos elementos esenciales del concepto de tensegridad, los cuales son compresión y tensión. Evidentemente, lo hice de manera completamente empírica, ya que  funcionaba. Pero es reconfortante constatar que correspondía a algo coherente (razón por la cual, probablemente, ¡ funcionaba !).

Para explicar por qué me era necesario utilizar densidad y tensión, he tenido que hablar de realidad tisular. Yo concebía que estos parámetros correspondían con aquello que son los tejidos en su realidad. Si, como parecen mostrarlo las investigaciones sobre la tensegridad, ésta es omnipresente en la construcción y la organización de los sistemas vivientes, entonces ésta forma parte de su realidad. Por tanto, no es extraño que éstos respondan cuando se intenta encontrarlos al abordarlos en eso en lo que verdaderamente son.

Pero, hay más…

Efectivamente, imaginar la plasticidad ósea no es suficiente para percibirla. En tanto que yo abordo el sistema corporal con un estado de consciencia de vigilia ordinaria, la percepción que tengo de éste es la de los sólidos. Toda una parte de la osteopatía se apoya sobre dicha percepción. Y ésta es apropiada, pero parcial (ésta no se halla más que con la macro-mecánica) y no me permite percibir la plasticidad, particularmente la de los tejidos densos como el hueso, ni por ello, dar con la tensegridad (y por tanto, su micromecánica).

¿ Qué es lo que me permite acceder a dicha percepción ? Yo no lo sabía cuando por fin comencé a sentir algo, pero esta percepción no es posible más que modificando nuestro estado de consciencia, para pasar del estado de consciencia de vigilia ordinaria y aproximarnos al estado alfa.

Sutherland y los demás precursores no lo sabían tampoco (en todo caso, no hablan de ello), pero sí lo vivían. Y probablemente, porque lo vivían implícitamente es por lo que no hablaron de ello. Les parecía algo natural. Desgraciadamente, al no precisar que hay que cambiar su estado de consciencia, la transmisión del concepto se hace muy problemática : hablo de plasticidad, hablo de tensegridad y no doy la clave para conseguir su percepción, para acceder a ella… Por tanto, esto debería formar parte igualmente, de la enseñanza de las bases del concepto craneal.

Para concluir

Para todo aquello relativo a la macromecánica del sistema corporal, probablemente se pueda aplicar en gran parte los conceptos de « mecánica ordinaria » de palancas rígidas articuladas sobre unos ejes. Pero para lo que respecta a la micromecánica, éste modelo ya no nos conviene. La tensegridad parece ser apropiada en mayor medida para establecer una relación de mayor conformidad con los tejidos corporales, para alcanzarlos en su realidad más sutil. Dicho modelo se vive en  la plasticidad, la cual se puede alcanzar con bastante facilidad, o en todo caso percibir por medio de los parámetros objetivos de la palpación tisular, particularmente la densidad y la tensión, pero también aceptando modificar nuestro estado de consciencia al descender hacia la consciencia de tipo alfa.

Pero recordemos que se trata de un cuerpo viviente, por tanto, de biomecánica. A la biomecánica, por sutil que sea, conviene añadir todo lo que es específico de lo viviente (bio), para nosotros, la consciencia que Still y Sutherland llamaron más bien espíritu organizador (mind) y espíritu de vida o soplo de vida (spirit)[5]. Éstos parámetros subjetivos, los manejamos con la presencia, la atención y la intención. Así, a través de estas dos vertientes, la mecánica sutil (tensegridad) y la vida (consciencia), el modelo del abordaje tisular de la osteopatía parece totalmente apto para permitir el encuentro con el sistema corporal vivo de nuestros pacientes, para dialogar con él y ayudarle en sus tentativas para volver a encontrar y mantener la salud.

 Bibliografía

Lee, Paul R., 2005. Interface, Mechanisms of Spirit in Osteopathy (Interfaz, Mecanismos del Espíritu en Osteopatía). Stillness Press, Portland, Oregon, 310 p., ISBN : 978-0-965851-3-9. Igualmente existe la traducción en lengua francesa:  Interface - Mécanismes de l'esprit en ostéopathie-. Editions Sully. 2011. ISBN : 978-2-35432-050-8. Traducción realizada por Pierre Tricot.

Mégret, Jean-François, La tenségrité, modèle biomécanique pour l’ostéopathe, revue (La tensegridad, modelo biomécanico para el osteópata, revista) Apostill n° 14, Hiver 2004.

Mégret, Jean-François, La tenségrité, vers un modèle biomécanique ostéopathique. Mémoire de fin d’études ostéopathiques, présenté le 14 juin 2003, à Montpellier. (La tensegridad, hacia un modelo de biomécanica osteopática. Tesina de fin de estudios osteopáticos, presentada el 14 de junio, en Montpellier).

Sutherland, William Garner, 1971-1998. Contributions of Thought (Contribuciones al el pensamiento). Rudra Press, Portland, 364 p., ISBN : 0-915801-74-4.

Sutherland, William Garner, 2002. Textes fondateurs de l'ostéopathie dans le champ crânien (Textos fundadores de la osteopatía en el campo craneal). Sully, Vannes, 336 p., ISBN : 2-911074-42-4.

Tricot, Pierre, 2002. Approche tissulaire de l'ostéopathie - Livre 1 (Abordaje tisular de la osteopatía – libro 1). Sully, Vannes, 320 p., ISBN : 2-911074-40-8.


[1] Texto del blog de Pierre Tricot, Approche tissulaire de l’ostéopathie (Abordaje tisular de la osteopatía). Marzo 2010.
[2]Richard Buckminster Fuller (1895-1983) Arquitecto, diseñador, inventor y escritor norteamericano, creador del modelo de tensegridad  que se hizo ilustre con la realización del domo geodésico, utilizado entre otros, como pabellón de los Estados Unidos en la exposición internacional de 1967 en Montreal y dónde hoy en día, tiene su sede la Biosfera.
[3]Lee, Paul R., 2005, Interface, Mecanisms of Spririt in Osteopathy (Interfaz, Mecanismos del Espíritu en Osteopatía). Stillness Press, Portland, Oregon, 310 p., ISBN : 978-0-965851-3-9. , pp. 135-138. Igualmente existe la traducción en lengua francesa:  Interface -Mécanismes de l'esprit en ostéopathie-. Editions Sully. 2011. ISBN : 978-2-35432-050-8. Traducción realizada por Pierre Tricot.
[4]Pierre Tricot. Approche Tissulaire de l’ostéopathie - Livre 1. Sully, 2002 Vannes, I.S.B.N 2-911074-40-8, pp. 17-31 y sitio de Internet (en francés) : http://www. Approche - tissulaire.fr/images/stories/fichiers_pdf/pt_colomb.pdf. En español : http://www.abordaje-tisular.es/images/stories/fichiers_pdf/Discpulos-de-Colón-2011.pdf.
[5]Sobre este tema ver un artículo del blog : Vous avez dit esprit ou esprit ? (¿Habéis dicho espíritu o espíritu?) Descargable en la página Web (en francés) del abordaje tisular en la dirección : http://www.approche-tissulaire.fr/images/stories/blog-textes/PT-Esprit-ou-Esprit-03-03-10.pdf