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Unos límites que nos son tan claros como parece…

Aunque estaba bien centrado en las dificultades músculo-esqueléticas de mis pacientes, de vez en cuando ocurría que algunos de ellos refiriesen unos cambios que iban más allá del marco de un trabajo músculo-esquelético: una sensación de apaciguamiento, de mayor tranquilidad, de desaparición de un estado depresivo latente del cual no me habían hablado durante la anamnesis, ya que no forma parte de lo que uno entiende que es de la competencia de un fisioterapeuta.

Sobre mí mismo, después de una sesión de osteopatía, había podido experimentar unos cambios diferentes de los que eran simplemente corporales. Recuerdo haber recibido varios tratamientos en aquella época por parte de Francis Peyralade y al día siguiente sentirme «más inteligente». Obviamente, no era yo más inteligente, sino que percibía una capacidad a la hora de mirar las cosas que me preocupaban desde otra perspectiva, con mayor lucidez, una capacidad incrementada para relativizar, para asignar importancias más sanas, etc.

Ignoraba cómo todo esto era posible, pero no podía dejar de advertir la presencia de algunas correlaciones entre los cambios corporales inducidos en los pacientes y otros cambios que se producían más allá del cuerpo. Dicho esto, aunque distinguía una posible interacción, no tenía ninguna influencia sobre lo que ocurría. No veía ninguna causalidad consciente y todo eso seguía siendo aleatorio.

Procedimiento personal

A finales de los años 1970, en busca de informaciones sobre la vida, lo viviente, etc., leía mucho. Entonces «me calló entre las manos» un libro que acababa de salir, El grito primal, de Arthur Janov[2]. La terapia primal, presentada en dicho libro, tiene como objetivo llevar al paciente a que vuelva a vivir los sufrimientos profundos que fueron reprimidos durante su pequeña infancia, incluso durante el embarazo, a fin de comprender las emociones y sensaciones que lo perturban a día de hoy.

Mi infancia no había sido ni problemática ni difícil, pero pensé que quizás, podían haber ahí algunas respuestas a cuestiones existenciales que me atormentaban en esa etapa de mi vida. Ello me estimuló para ponerme en marcha hacia un procedimiento que llamaremos de desarrollo personal. Entonces no encontré terapeuta alguno que utilizara la terapia primal. Habían bien pocos e Internet no existía… Me orienté hacia un enfoque de tipo rebirth[3], el cual me parecía perseguir unos objetivos parecidos. Combinado con otros abordajes (principalmente la PNL), el rebirth me hizo vivir unas aventuras increíbles, que nunca hubiera imaginado y que verdaderamente me sirvieron en mi camino como ser y, lógicamente como osteópata.

Obviamente, volví a vivir mi nacimiento. No tenía la reputación (según me había comentado mi madre) de haber sido particularmente difícil. Pues al revivirlo, puedo decir que sí, ¡era difícil! En el plano físico, volver a vivirlo me hizo sentir en el cuerpo las fuerzas de coacción a las que estaba expuesto, las cuales no eran sólo craneales; ello me ha llevado a modificar mi manera de abordar a los bebés en osteopatía. Lo explico extensamente en el libro 1 de abordaje tisular[4].

En lo revivido, más que el aspecto físico, es el aspecto emocional que me sorprendió. De este acontecimiento emergieron emociones particularmente fuertes que permanecían tapadas, escondidas dentro de mí por no haber podido expresarse, especialmente el miedo; un miedo profundo, visceral, el de la muerte inminente. ¡Qué alivio la liberación de dichas emociones!

Unas aperturas inesperadas

En estos procesos de procedimiento personal, otras experiencias se revelaron esenciales. En varias ocasiones, en el transcurso del proceso que conducía a liberaciones importantes llegué a encontrarme «fuera del cuerpo». Parece muy extraño al principio y la experiencia genera un cierto pánico, pero después, con la repetición, se convierte en algo banal. Ello me llevó a la toma de conciencia inmediata que no era lo que yo creía: sólo un cuerpo.

Finalmente, en el transcurso de esas sesiones he vuelto a vivir escenas de mi pasado que manifiestamente no podían ser de esta vida. Por lo tanto, las he interpretado como que eran escenas de vidas anteriores, con la toma de conciencia de que no sólo no soy únicamente un cuerpo, sino que como ser, ya he vivido otras vidas con otros cuerpos, en otras épocas, y que probablemente, a buen seguro viviré otras, con otros cuerpos… Ahora bien, ¡ello amplía considerablemente las perspectivas del juego de la vida!

Una perspectiva diferente sobre la vida

Ello cambió mi mirada sobre mí mismo, sobre la vida y por supuesto sobre los demás, y abrió inmensas perspectivas que yo no sospechaba. Si soy un ser espiritual, los demás también lo son y, los pacientes igualmente. Así, del mismo modo ha cambiado mi mirada sobre los pacientes y, al tiempo la parte relacional con ellos. Ya no tenía «bajo las manos» únicamente un cuerpo, sino un ser y su mente.

Al principio, no modificó nada en mi manera de tratarlos, en cambio constaté que a lo largo de ciertas sesiones se producían liberaciones más profundas. Algunos pacientes empezaron a sentir y a expresar cosas que quizás ya habían sentido anteriormente, pero no se habían atrevido a expresarlo. Algunos empezaron a hacer descubrimientos sobre su vida, cuando no se había mencionado nada verbalmente… No pude ignorar que probablemente existía una relación entre los cambios que se operaban en mí y lo que ocurría en el transcurso de ciertas sesiones, incluso cuando yo seguía tratando a la gente como antes. De toda evidencia, ocurrían (a veces) otras cosas, si bien yo no controlaba el fenómeno.

Unos límites que se sobrepasan    

Ello comenzó a sobrepasar los límites que yo asignaba a la osteopatía, sin que por ello me otorgase unas herramientas que me permitiesen ponerlo en práctica. En cambio, coincidía con algunos de los propósitos evocados por Viola Frymann, que tuve la suerte de conocer muy pronto en mi aprendizaje como osteópata.

En un texto, El desarrollo del concepto osteopático ampliado[5], que menciona a unas de sus pacientes que padecía de migrañas particularmente intensas, escribe:

«La evolución de esta enfermedad desvela varios aspectos del concepto de la osteopatía ampliada. En primer lugar, el aspecto estructural que proviene de un traumatismo severo, después el aspecto químico que resulta de una alimentación pobre, el aspecto emocional debido al resentimiento, a la ira reprimida y a la obstinación, el aspecto mental de patrón inflexible, también está la dificultad en dejar la potencia de lo espiritual sanar y cambiar su vida completamente. Cuántos entre nosotros quieren encontrar alivio a sus males, sin embargo no piensan cambiar sus preciosos hábitos de vida, sus sentimientos, pensamientos, sí, e incluso su fe.
[…] La verdadera causa de las manifestaciones enfermizas sólo se puede percibir físicamente mediante la consciencia cuando los bloqueos de los movimientos han sido suprimidos. Éstos pueden ser bloqueos estructurales o físicos. Cuando se ha liberado los movimientos de la estructura, las causas conscientes e inconscientes aparecen en la superficie, siempre que el osteópata pueda ofrecer una atmósfera propicia a tal purificación. Hemos aprendido a proporcionar las condiciones estructurales para que el cuerpo se normalice por sí mismo. Ahora estamos listos para aprender cómo dejar que se regulen las emociones y la mente, cuando la luz fluida empieza a correr, en cada parte del ser».

Viola Frymann mencionaba a menudo Still y Sutherland. Ahora bien, aunque pueda parecer paradójico hoy en día, no conocemos a Still y muy poco a Sutherland. En aquella época (los años 1970-1980), era muy complicado conseguir sus libros y aquellos que los tenían los guardaban celosamente sobre las estanterías de sus bibliotecas privadas. Para nosotros, Still era un personaje de otro tiempo con quien no teníamos ninguna relación. En una conferencia en memoria del Dr. Scott – The Law of mind, matter and motion, Viola escribe acerca de Still:

¿Cuántos entre vosotros han leído Autobiografía? Si la habéis leído hace tiempo, retomadla, como yo lo hice y hoy descubriréis en ella muchísimas cosas de las que nos os habías percatado antes. Si no la habéis leído nunca, una experiencia inspiradora os espera, puesto que a no ser que se haya padecido, explorado y descubierto como el Dr. Still, ¿cómo podéis comprender el concepto osteopático y concebir el destino de la profesión? Consideremos otro aspecto de este gran hombre. Esmerémonos en conocerlo mejor; de este modo podremos comprender mejor la inmensidad de su enseñanza. «Desde mi más tierna infancia, he sido visitado por visiones nocturnas». «Yo soy lo que la gente llama a veces un ‘inspirado’. Nosotros, metodistas, decimos ‘intuitivo’. Otros tienen nombres diferentes para esto – clarividente, clariaudiente». En 1898, a la pregunta « ¿Quién descubrió la osteopatía?», Still contestó: «Hace veinticuatro años –es decir en 1874– el vigesimosegundo día de junio, a las diez de la mañana, percibí una pequeña luz en el horizonte de la verdad. Según lo que comprendí, fue colocada en mi mano por el Dios de la naturaleza. Dicha luz mostraba sobre su rostro la siguiente inscripción: ‘He ahí Mi biblioteca médica, Mi cirugía y Mi obstetricia. Aquí tienes, Mi libro, con todas las direcciones, instrucciones, dosificaciones, tallas y cantidades que se deben utilizar en cada caso de enfermedad y de nacimiento, al comienzo del hombre; en la infancia, la juventud y en la edad del ocaso’».
Era un hombre con una profunda consciencia espiritual. No predicaba la religión, sin embargo conocía a Dios y lo reconocía como fuente de toda verdad. «Dios es el padre de la osteopatía» él escribió y «No me avergüenzo del vástago de su pensamiento». Más tarde, amonestaba así a sus estudiantes: «En este trabajo, nuestros resultados dependen absolutamente de la ley divina». Dijo: «No temo que seguir una ley concebida por Dios me aleje de él. Cada avance en osteopatía nos conduce a una mayor veneración de lo Divino Soberano de este universo[6]».

Las traducciones

Estas citas me intrigaron verdaderamente y posteriormente me alentaron a mirar hacia Still y a leerlo, después a traducirlo, empezando por Autobiografía. Pero en aquella época, yo veía eso como una simple posibilidad, un «habrá que». Sólo es cuando me impliqué realmente en leerlo y en traducirlo a finales de los años 1990 que descubrí, entre otras cosas, la dimensión stiliana de la osteopatía, que iba mucho más allá que lo que había yo imaginado en un principio.

Aquello que trata la osteopatía

Entre otras cosas, me sorprendió enormemente constatar que en la época de Still, los osteópatas trataban todos los males. La osteopatía era un sustituto de la medicina. Hay que decir que la medicina de aquella época en el Medio Oeste, no valía gran cosa… Hoy vivimos un contexto muy diferente y no nos podemos plantear concebir que la osteopatía sustituya a la medicina.

En cambio, podemos constatar que la medicina trata algo (un síntoma, una patología), mientras que la osteopatía trata a alguien (la persona que presenta dicho síntoma y dicha patología). Ello merece, pienso yo, que lo recordemos y que no dejemos de recordarlo, particularmente debido a la orientación actual de los estudios que tienden a querer acomodarse al molde médico, pero también a lo que piden los pacientes – a sus demandas, muy centrados en sus dificultades.

Y ese alguien al que atiende el osteópata, Still nos recuerda que es más que un cuerpo…

La dimensión espiritual

Lo que también descubrí al traducir a Still ha sido la dimensión espiritual de la osteopatía. Una dimensión ocultada deliberadamente desde hace tiempo en nuestra formación, por motivos de «comedimiento científico» y de reconocimiento.

«Después de todas esas explicaciones, debemos resolver que el hombre, cuando es completo, es trino. Primero, el cuerpo material, segundo el ser espiritual, tercero, un ser de razón, con creces superior a todos los movimientos vitales y a las formas materiales, cuyo deber es dirigir sabiamente este gran mecanismo de vida[7]».

Aquello que leía en los escritos de Still venía a corroborar lo que yo había experimentado personalmente, invitándome a abrir mi espacio conceptual en lo concerniente al ser humano y, por lo tanto, a la dimensión espiritual. Dicho esto, incluso si Still habla mucho de ello, no da casi ningún medio para vivir desde un punto de vista osteopático la dimensión espiritual del ser humano.

Sutherland también habla de ello, sin proporcionarnos, él tampoco, algún medio para poner en práctica dicha dimensión.

«A menudo he dicho que en osteopatía hemos perdido algo que el Dr. Still había tratado de comprender. Es el aspecto espiritual que él incorporaba a la ciencia de la osteopatía. ¡No hablo del mundo de los espíritus! Quiero hablar del aspecto espiritual, que le vino directamente de su Creador en el transcurso de uno de los periodos más tristes de su vida, mientras que dirigía un sincero rezo a su Creador, no al mundo de los espíritus[8]. Lo que recibió, es el concepto de la osteopatía. ¿Qué decía el Dr. Still a propósito de ello? “Ella me ha sido revelada, como otras verdades destinadas a beneficiar a la humanidad”. Leed su obra Investigación y Práctica y advertid el número de veces en las que hace referencia a su Creador, al Gran Arquitecto, etc. Él solicita constantemente vuestra atención sobre este punto[9]».

A mi juicio, en la historia de la osteopatía, habrá que esperar a Rollin Becker para encontrar a un autor que permita poner en correspondencia el ser y el hacer, es decir que se pueda utilizar, a nivel práctico, una concepción espiritual del ser humano mediante unas herramientas prácticas. Y para él, todo comenzó debido a la insatisfacción en el uso de la osteopatía que se le había enseñado, insatisfacción que le llevó a buscar otras vías:

«[…] Durante ocho años, utilicé la osteopatía manipulativa tal como la había aprendido en las clases de la escuela y en los seminarios de postgrado, y estuve especialmente decepcionado de su utilización, puesto que no podía ni controlar ni saber por qué los casos alcanzaban o no la mejoría que yo esperaba. Impulsado por esta desilusión, retomé la Autobiografía de Still y volví a estudiar sus principios de base[10]. […] Entonces decidí retomarlo todo desde cero. Así, volví a leer los escritos originales de Andrew Taylor Still, particularmente su Autobiografía y su Filosofía de la osteopatía[11]».

Me acerqué a Becker en los años 1980, gracias a Francis Peyralade que me consiguió algunos Yearbooks de la AAO[12]. Los primeros textos que pude consultar y traducir tratan de la palpación. Lo que expresaba en ellos me llegó particularmente: aunque utiliza palabras diferentes a la mías, verdaderamente tenía la impresión de leer a alguien que entraba en relación con los tejidos de una manera muy parecida a la mía, especialmente que no se proponía esencialmente hacer algo, sino ante todo «escuchar», sentir algo que viniese de los tejidos.

«Los mecanismos del cuerpo y sus potenciales siempre están en acción y se pueden percibir mediante un tacto que piensa, percibe y ve, el cual con el tiempo se convierte en un tacto que conoce. Es como subir en un tren que está en marcha. El tren continúa su trayectoria y su movimiento mientras yo subo en él y, analizo la rudeza de la vía, la oscilación en las curvas, la velocidad relativa; finalmente dejo el tren mientras éste sigue su acción. Pasa lo mismo por lo que respecta a los problemas en los pacientes. Me desplazo en el seno del mecanismo que sigue funcionando, establezco mi diagnóstico, administro mi tratamiento y, dejo el mecanismo que continúe su funcionamiento siempre cambiante. Mi contacto es pensamiento profundo, observación profunda, percepción profunda, pero no limita ni impide la estructura-función en el seno de los tejidos que examino[13]».

Además, sus palabras coincidían con mi propio camino por lo que respecta a la palpación: mientras he intentado seguir el camino de qué sentir, no he conseguido gran cosa. Cuando opté por el camino del qué estoy percibiendo y acepté tomar aquello que venía en mis manos, entonces mi palpación comenzó a mejorar y he podido desarrollar cómo sentir:

«La palpación es literalmente un arte que cada uno debe enseñarse a sí mismo. Uno puede enseñar las ideas y los principios, así como ciertas cosas que se podría descubrir, pero os toca a vosotros determinar cómo transcribirlo en vuestra fisiología corporal y utilizar la palpación para comprender la fisiología corporal del paciente[14]».

Los tejidos saben

En esos textos sobre la palpación, Becker desarrolla la idea de que lo esencial de las informaciones relativas al caso del paciente se encuentra en el mismo paciente, más exactamente en sus tejidos y que el rol de la palpación del osteópata consiste en descifrar las informaciones indispensables para ayudarle:

«Cada vez que un paciente entra en vuestra consulta, siempre debéis tener en cuenta tres factores: las creencias y las ideas que tiene el paciente sobre su problema, aquello que el osteópata considera que es el problema del paciente y, finalmente lo que el conjunto anatomo-fisiológico del cuerpo del paciente sabe que es el problema. […] En resumen, el paciente evalúa el diagnóstico, el osteópata lo evalúa científicamente, pero es el cuerpo del paciente el que conoce el problema y lo manifiesta en los tejidos[15]».

Jacques Andréva Duval que trabajó mucho con Rollin Becker ha resumido esto en una frase lacónica, sólo los tejidos saben:

«En realidad, el enfermo no `sabe´: él siente, y procura expresar sus sensaciones; pero el osteópata no sabe más: infiere y, se esfuerza en formular, etiquetar sus inferencias. Sólo los tejidos saben. En ellos se encuentra manifestado el conocimiento absoluto: saben de qué padecen y, saben la dirección en la que se sitúa la solución a sus problemas[16]».

De ahí se deriva una actitud del osteópata con respecto a su paciente la cual se centra más sobre el ser que sobre el hacer. Ya no se trata tanto de hacer algo sino de ponerse al servicio de los tejidos del paciente recibiendo las informaciones que contienen. Formulado de otra manera, viene a considerar que lo esencial de la información que concierne a los problemas y dificultades del paciente se encuentran dentro del paciente y no en el osteópata.

Filosofía celular

También es gracias a Becker que ha podido formalizarse para mí la idea de consciencia tisular. Gracias (entre otras cosas) a esta cita aportada por Jacques Andréva Duval en el número 4 de la revista belga Thinking. Después del fallecimiento de Rollin Becker, dice unas palabras de su experiencia vivida con él y propone algunas citas obtenidas a lo largo de sus contactos, como ésta:

«Todas las células tienen dos cosas en común: 1) una filosofía*, 2) un propósito. En cuanto a la filosofía, son universales: obedecen a las mismas leyes; en cuanto al propósito, simplemente tienen una acción específica (células del hígado, del sistema nervioso, etc.). Y nosotros, como osteópatas, aceptamos su acción específica, pero trabajamos con su universalidad[17]».

De hecho, ¿qué puede ser la filosofía de una célula, lo que es esencial para ella, si no es simplemente ser? Y hablar de ser, ¿no es hablar de consciencia? Por supuesto, a nivel del sistema corporal se trata de consciencias elementales, de entidades que son conscientes, pero posiblemente no o poco conscientes de su consciencia.

Agregado de consciencias

Así, no sólo el cuerpo es agregado de consciencias «elementales», las del sistema corporal, sino que también de la, o de las, consciencias asociadas al ser y a su mente. Así pues, cada individuo es un sistema hipercomplejo de consciencias agregadas, que se manifiestan en el universo físico mediante un sistema corporal. Al tocar el cuerpo, estoy tocando mucho más que el cuerpo físico, incluso si no tengo consciencia de ello. Este concepto abrió para mí un nuevo espacio de investigación, tan portador de comprensiones que me ha sido imposible volver atrás, es decir, hacer como si los sistemas vivos no fuesen conscientes. Ha cambiado definitivamente la manera con la que me proponía entrar en relación con mis pacientes, aunando las dimensiones corporal, mental y espiritual.

Relación de consciencias

La relación que se establece entre el osteópata y su paciente, que ambos sean conscientes de ello o no, es una relación de consciencias y el osteópata deja de ser un simple «agente exterior» que actúa sobre un sistema vivo, sino que él mismo es un sistema de consciencias que establece una relación con otro sistema de consciencias, el del paciente. Lo que sucede entre el osteópata y el paciente en el transcurso de una sesión de este tipo implica unas interferencias mucho más sutiles que lo que yo me imaginaba antes:

«En el momento en el que el osteópata coloca sus manos sobre un paciente para establecer un diagnóstico y proceder a un tratamiento palpatorio, participa con él a una experiencia cuántica de compartir. Cuando trabaja con los tejidos vivos del paciente, le es totalmente imposible ser un observador neutro o imparcial[18]».

Los límites del osteópata

Lo que acabo de describir algo extensamente hace evidente, para mí, que mi evolución personal y profesional me ha llevado a ampliar de manera considerable los límites que en un principio yo asignaba a la osteopatía. Me ha llevado a pensar que los límites de la osteopatía son esencialmente los del propio osteópata. Un análisis más preciso de dichos límites me hace considerarlos a dos niveles diferentes: el del ser y de la concepción que tiene de la vida, de lo viviente, del sistema corporal (dicho de otro modo, su filosofía), y el del hacer, es decir de las herramientas de las que dispone o que crea para gestionar las situaciones que su ampliación conceptual puede generar.

Límites del ser o límites conceptuales

Mi filosofía como ser humano (la manera en la que concibo como humano, como ser vivo) es el primer factor limitante que va a marcar los límites en la relación con el otro. Eso es cierto en la vida diaria, pero es obvio que también en la relación terapéutica. Si tengo un punto de vista esencialmente materialista sobre el ser humano (yo soy un cuerpo físico y sólo eso), voy a proyectar este punto de vista en mi forma de relacionarme y considerar al otro de la misma manera. Las interacciones complejas que se producen en la relación terapéutica estarán modeladas en gran parte por ello, así como mi hacer de osteópata.

Si mi punto de vista es más espiritualista (no soy sólo un cuerpo, sino un ser, con una mente), esta filosofía va a modelar la relación con el otro y, por tanto, con el paciente de una manera diferente.

Si concibo un modelo como el de la consciencia tisular y que me veo como un agregado complejo de consciencias, esta filosofía también va a modelar mi relación con el otro y con los pacientes de manera diferente.

Así pues, la apertura conceptual en el osteópata sobrepasa los límites de lo que vive, así como los de la osteopatía. Sin embargo, dicha apertura también puede generar en el paciente unas manifestaciones y unos cambios que habrá que guiar para acompañarle en la gestión de sus dificultades. Por lo tanto, es necesario que desarrolle un saber hacer en concordancia con mi saber ser.

Límites del hacer o límites técnicos

Los estudios actuales de osteopatía siguen estando limitados a una filosofía del cuerpo. Aun estando limitada a ello, permite una comprensión del funcionamiento corporal que ha mejorado ya claramente en comparación con los planteamientos clásicos. Desde los comienzos de la osteopatía, las herramientas correspondientes han sido ampliamente desarrolladas y no me parece necesario desarrollarlas más todavía.

A medida que he ido evolucionando y progresando en mi consideración del ser vivo, de la consciencia corporal y del ser, se han ido produciendo unas manifestaciones en el aspecto relacional osteópata/paciente que he debido aprender a guiar para ayudar al paciente a que él también gestionase lo mejor posible lo que se expresaba en la sesión.

Aquí también varias etapas se sucedieron. He necesitado comprender que si los sistemas vivos son conscientes, igualmente son inter-cambiantes o comunicantes, es decir en relación constante con su entorno y, al hilo de esto, comprender cómo este aspecto relacional (el cual es intercambio de informaciones) se desarrolla y se gestiona.

Ello me llevó a la comprensión del concepto de retención que puede aplicarse a los niveles físico, mental y espiritual, y a crear unas herramientas que permiten liberar dichas retenciones;  unas herramientas físicas, con los parámetros objetivos de palpación (densidad, tensión, velocidad) y unas herramientas no materiales, relacionadas con la consciencia (presencia, intención, atención).

La comprensión de que la consciencia no existe más que mediante una relación me ha permitido desarrollar unas herramientas de interacción con las consciencias corporales (diálogo tisular)[19] y de tipo somato-emocional (la regresión consciente y la técnica sobre los flujos)[20] que son muy eficientes para ayudar a un paciente a salir de un problema traumático pasado o de una dificultad relacional presente.

Dicho esto, en ningún momento me siento tener el alma de un psicoterapeuta. Utilizo estas herramientas sólo cuando surge la necesidad en el transcurso de una sesión y únicamente para ayudar al paciente a salir de su dificultad. Nunca busco deliberadamente forzar a un paciente en estos campos. Lo considero como una intrusión, a mi juicio, tan chocante como algunas intrusiones técnicas físicas. No obstante, he constatado que mi evolución como osteópata ha permitido que emergiesen cosas en pacientes que sobrepasaban con creces los límites físicos y, que he necesitado aprender a gestionarlas.

Utilizo la conminación atribuida a Still: «find it, fix it and leave it alone». A propósito, señalemos que no he encontrado esta conminación escrita tal cual en ninguno de los libros de Still que he traducido. Lo que más se acerca es esta frase, extraída de Filosofía y principios mecánicos de la osteopatía:

«Tras haber escuchado la historia de la enfermedad por parte del paciente, el osteópata no debería dedicarle tiempo a otra cosa que no fuese buscar la causa, encontrar la deformidad, después esperar unos días y notar los efectos[21]».

Cuando un paciente necesita manifiestamente un seguimiento psicológico, habrá que orientarlo hacia un terapeuta competente en dicho ámbito.

Los límites del paciente

He hablado mucho de los límites del osteópata, pero por lo que se ve, en nuestra relación con nuestros pacientes, nos encontramos con unos límites que no son los nuestros, sino los del mismo paciente. Son esencialmente conceptuales: ¿cómo se considera?, ¿un ser?, ¿un cuerpo? ¿Cuáles son sus creencias espirituales, religiosas, etc.? Aquí lo que es importante no es lo que cree el osteópata, es lo que cree el paciente, aquello que para él es real.

Respetar la realidad del paciente

Se debe respetar la realidad del paciente, no se debe transgredir. Ahí veo un punto de ética mayor en la relación de un osteópata con su paciente. Mi comprensión actual de un ser vivo me obliga a interferir lo menos posible, a respetarlo en su cuerpo, pero también en su ser.

¿Qué osteópata no ha oído quejarse a un paciente de las técnicas «bruscas» utilizadas sobre él, sin avisarle incluso a veces? En este caso se trata de técnicas corporales. Pero un osteópata puede, de la misma manera, mostrase intrusivo a unos niveles muy sutiles.

Sean cuales sean mis creencias o realidades personales sobre el cuerpo, la vida, etc., no considero que tengo derecho a imponérselas al paciente. Sean cuales sean mis ideas sobre lo que sería bueno para él, mi certeza de que tal técnica somato-emocional es «lo que habría que hacer ahora», no me concedo el derecho de conducirlo hacia un abordaje de tipo somato-emocional si no está preparado para ello. Aquí también, una sutileza en la relación osteópata/paciente es indispensable y se basa en gran parte en la intuición.

En cambio, soy bien consciente de que la apertura conceptual que he desarrollado ha creado un marco de posibilidades que no existía antes: pacientes que empezaron a vivir y expresar cosas que no dejaban manifestarse antes.

«También pienso que es importante darse cuenta de que vuestras competencias palpatorias son unas herramientas mecánicas cuánticas. No existe ningún medio para mantenerse como un observador exterior. Cada vez que ponéis vuestras manos sobre cualquier persona, automáticamente, habéis empezado a modificar lo que es. Poco importa el problema, es ineluctable, lo habéis modificado. El simple hecho de realizar una valoración, un examen, significa que ya habéis iniciado algo para ayudar a ese cuerpo a que se ayude a sí mismo. La mecánica cuántica es una experiencia de compartir. Es todo lo que significa[22]».

La realidad osteopática del paciente

Igualmente debemos tener en cuenta la realidad osteopática del paciente. ¿Cómo él concibe la osteopatía? Para la mayoría de los pacientes, el osteópata es un mecánico y no entienden forzosamente la relación que puede haber entre sus síntomas y sus dificultades del ser. El osteópata necesitará mucha sutileza relacional para comprender hasta dónde puede ir con sus propuestas técnicas, sin chocar la realidad y las creencias de su paciente, tampoco imponerle un procedimiento o un abordaje que no podrá entender.

Para concluir

Los límites de la osteopatía son los del propio osteópata. En un alto grado son secundarios a su ser, su filosofía (¿cómo se considera él mismo como ser humano?, ¿cómo él ve la vida?, etc.) y a su saber-hacer asociado.

Una última cosa me parece importante mencionar: puesto que el osteópata no sabría ser un simple agente exterior, no implicado y, que la relación que establece con su paciente va a poner en movimiento energías o informaciones, a veces sutiles, un fenómeno de resonancia puede producirse en ciertas ocasiones: las energías e informaciones movilizadas en el paciente ponen en movimiento energías e informaciones análogas que existen en el osteópata. Ello puede provocar efectos no deseados en este último: ¿qué osteópata nunca se ha «sentido mal» después de haber tratado a un paciente? Desde luego, la tendencia general consiste en culpar al paciente de dicho fenómeno. Sin embargo, el paciente no tiene ninguna intención negativa respecto a su osteópata. La resonancia es un fenómeno físico, aun cuando a veces pone en juego energías o informaciones sutiles, particularmente emocionales. Por lo tanto, es en el mismo terapeuta dónde se sitúa el problema.

Un terapeuta, osteópata u otro, deber ser paciente

El hecho de ser terapeuta no quita nada a nuestra cualidad de ser humano, con nuestras propias dificultades de ser… Con frecuencia esta constatación me hace decir que un terapeuta, osteópata u otro, deber ser paciente. La mejor manera de que nosotros mismos no estemos puestos en resonancia por nuestros pacientes es eliminar, tanto como sea posible, nuestras propias dificultades de ser y nuestras propias retenciones. Poco importa el o los sistemas utilizados. Mi camino de desarrollo personal me ha permitido comprender realmente que debía ocuparme de mí y trabajar sobre mis propias dificultades y mis propios límites. Ello me ha permitido, al tiempo, abrir mi espacio conceptual acerca de la vida y del ser vivo, así como estar menos expuesto a las resonancias secundarias a la relación con el otro (paciente o no).

Enraizamiento

El trabajo sobre sí mismo es un largo camino y debemos vivir con nuestros pacientes en el día a día. Una ayuda preciosa para evitar o disminuir las puestas en resonancia, es lo que llamamos el enraizamiento. Éste nos proporciona un punto de apoyo y nos «une a tierra», es decir que a semejanza de la toma de tierra de la red eléctrica, permite derivar energías perturbadoras hacia la tierra.

Por otra parte, el enraizamiento nos permite asegurar un fulcro bastante más estable para nuestro paciente. En este tipo de práctica, el osteópata tiene el rol de punto de apoyo para su paciente, permitiendo así que energías o informaciones perturbadoras encuentren un punto hacia el que evacuarse (en y a través del movimiento tisular, según el modelo del abordaje tisular). Cuanto más estable sea el punto de apoyo, más permite a cargas importantes que se liberen y, más limita los riesgos de puesta en resonancia en el paciente. Un buen punto de apoyo proporciona la potencia. Conozco una definición de la potencia cuyo autor he perdido, pero que me parece convenir muy bien:

«La potencia, es la aptitud a mantener una posición en el espacio física, mental y espiritualmente».

Soltar lastre

El enraizamiento, la puesta a tierra proporciona la potencia física, sin embargo, la potencia espiritual viene del vínculo con la Consciencia, de la que habla Sutherland cuando evoca la espiritualidad de Still:

«Quiero hablar del aspecto espiritual, que le vino directamente de su Creador en el transcurso de uno de los periodos más tristes de su vida, mientras que dirigía un sincero rezo a su Creador, no al mundo de los espíritus[23]».

Por lo que respecta a dicho vínculo con el Creador (sea cual sea la manera en la que lo concebimos a nivel personal), Sutherland utilizaba una imagen, que habla por sí misma a mi parecer, y que retoma Rollin Becker en una de sus más bonitas conferencias presentada en Filadelfia en 1965, en memoria de Sutherland:

«Mis dedos que piensan, sienten, ven y saben son guiados inteligentemente por el Gran Arquitecto que concibió este mecanismo. La interpretación que doy de ello importa poco, con tal que mi trole[24] mental permanezca en contacto con el Hilo». Permítanme que repita: «la interpretación que doy de ello importa poco, con tal que mi  trole mental permanezca en contacto con el Hilo[25]».

Para terminar, os dejaré con Viola Frymann imaginar la osteopatía de mañana:

«Ahora os invito a proyectaros conmigo en el tiempo y a imaginar la osteopatía que conocerán nuestros nietos. Los primeros cien años de osteopatía se dedicaron a obtener el reconocimiento legal y estatutario de la osteopatía y a su aceptación como parte integrante de nuestro modo de vida. El segundo siglo servirá para desarrollar al osteópata por sí mismo hacia un estadio donde la osteopatía será no sólo un sistema que se ocupe de tratar al paciente como un todo, sino que, igualmente, será una manera de vivir que requerirá una implicación total por parte del osteópata[26]».

Bibliografía

Becker, Rollin : L’Immobilité de la vie, Sully, Vannes, 2013. ISBN : 978-2-35432-109-3.

Becker, Rollin : La vie en mouvement, Sully, Vannes, 2012. ISBN : 978-2-35432-084-3.

De Panafieu, Jacques, 1989. La Rebirth-thérapie. Retz-Press Pocket, Paris, 1991, ISBN : 2-266-051091.

Duval Jacques Andréva, Introduction aux techniques ostéopathiques d’équilibre et d’échange réciproque. Maloine, Paris. 1976.

Duval, Jacques Andréva, 2004. Techniques ostéopathiques d'équilibre et d'échanges réciproques. Sully, Vannes, ISBN : 2-911074-65-3.

Duval, Jacques Andréva, Interview de J. A. Duval. Thinking, n°4, 1998. Brussels [Belgique] : Sutherland Cranial Academy of Belgium.

Frymann, Viola M. The Collected Papers of Viola M. Frymann, American Academy of Osteopathy, Indianapolis, 1998. ISBN : 0-940668-07-6.

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Tricot Pierre, Approche tissulaire de l’ostéopathie Livre 1, Sully, Vannes, 2002. ISBN : 978-2911074-40-0. (Ed. española: Abordaje Tisular de la Osteopatía. Trad. Juan Bañuls y Miguel Hernández Callejo. Madrid: Dilema, 2017)

Tricot Pierre, Approche tissulaire de l’ostéopathie Livre 2, Sully, Vannes, 2005. ISBN : 978-2911074-80-6.

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[1] Pierre Tricot (Blog), enero 2019. Traducido por Juan Bañuls Puig y Miguel Hernández Callejo, mayo 2020. Referente a las citas del texto, hemos optado por traducirlas directamente del francés. Esto hace que, con respecto a las traducciones en español que pueden existir de los libros de la bibliografía, puedan surgir pequeñas diferencias.

[2] Janov, Arthur, Le Cri primal. Paris, 1976: Flammarion. (Ed. española: El grito primal. Trad. de Aurora Bernárdez. Barcelona: Edhasa, 2009).

[3] Rebirth (renacer, en el sentido de volver a nacer), también llamado rebirthing o rebirthing breathwork, y también a veces respiración consciente, es un método de desarrollo personal puesto a punto a finales de los años 1960 en Estados Unidos por Leonard Orr. Utiliza una técnica de respiración basada en la hiper-oxigenación, la cual, reduce el nivel de vigilia consciente y permite que emerjan memorias y sufrimientos que por lo general fueron rechazados.

[4] Tricot Pierre, Approche tissulaire de l’ostéopathie Livre 1, Sully, Vannes, 2003, pp. 233-255 (Ed. española: Abordaje tisular de la osteopatía. Trad. Juan Bañuls Puig y Miguel Hernández Callejo. Madrid: Dilema, 2017).

[5] Frymann, Viola, M. The development of the expanding osteopathic concept. AAO Yearbook 1972 pp. 19-22. retomado en The Collected Papers of Viola M. Frymann, American Academy of Osteopathy, Indianapolis, 1998, pp. 312-316.

[6]  Frymann, Viola, M., The Law of mind, matter and motion Conférence en la memoria del Dr Scott AAO Yearbook 1973, pp. 13-22. Retomado en The Collected Papers of Viola M. Frymann, American Academy of Osteopathy, Indianapolis, 1998, pp. 243-250.

[7] Still Andrew Taylor, Philosophie et principes mécaniques de l’ostéopathie. Sully, Vannes. 2009, p. 39. (Ed. española: La filosofía y principios mecánicos de la osteopatía. Trad. de Daniel Enríquez de Guevara. Alcalá de Henares: Escuela de Osteopatía de Madrid, 2010, p. 26).

[8] Durante la primavera de 1864, y pese a todos los esfuerzos desplegados por el pastor y el médico, a tres de los hijos del Dr. Still se los llevó una meningitis cerebro-espinal. En aquel periodo, el Dr. Still vivió una crisis espiritual, cuya resolución acarreó, diez años más tarde, el nacimiento de la osteopatía. Ver Still, Autobiografía, p. 87-88 y 303-304 (Edición francesa).

[9] Sutherland William Garner, Contributions de pensée. Sully, Vannes. 2017, p. 364-365.

[10] Becker, Rollin : L’Immobilité de la vie, Sully, Vannes, 2013, pp. 281-282.

[11] Ibid. p. 294.

[12] Una serie de cuatro artículos titulados El tacto diagnóstico: sus principios y su aplicación. Dichos artículos fueron publicado en el Yearbook de la l’Academy of Applied Osteopath, la primera parte en la edición de 1963, las segunda y tercera partes en 1964, y la cuarta parte en 1965, en el Volumen 2. Estos artículos han sido reunidos en la recopilación de los escritos de Rollin Becker, establecida por Rachel Brooks después de su fallecimiento. Las referencias nos refieren a los libros compilados por Rachel Brooks: Life in Motion y The Stilness of Life.  (Ed. Francesa: La vie en mouvement y L’Immobilité de la vie).

[13] Becker, Rollin : Life in Motion (Ed. francesa: La vie en mouvement, Sully, Vannes, 2012, p. 219).

[14] Ibid. p. 291

[15] Ibid. pp. 210-212.

[16] Duval Jacques Andréva, Introduction aux techniques ostéopathiques d’équilibre et d’échange réciproque. Maloine, Paris. 1976, p. 12.

[17] Duval, Jacques Andréva, Intrevista de J. A. Duval. Thinking, n°4, 1998. Brussels [Belgique]: Sutherland Cranial Academy of Belgium, p.5.

[18] Becker, Rollin, La vie en mouvement, Sully, Vannes, 2012, p. 138.

[19] Para ello ver los libros de Abordaje Tisular de la Osteopatía: libro 1, pp. 267-286 (editorial Dilema),  y libro 2, pp. 160-191 (el libro 2 no está traducido todavía al castellano).

[20] Ibíd. libro 2 d’approche tissulaire, pp. 197-227 (no traducido al castellano todavía).

[21] Still, Andrew Taylor, Philosophie et principes mécaniques de l’ostéopathie, Sully, Vannes, 2013, p. 284. (Ed. española: La filosofía y principios mecánicos de la osteopatía. Trad. de Daniel Enríquez de Guevara. Alcalá de Henares: Escuela de Osteopatía de Madrid, 2010, p. 251).

[22]  Becker, Rollin, L’Immobilité de la vie, Sully, Vannes, 2013, p. 86.

[23] Sutherland William Garner, Contributions de pensée. Sully, Vannes. 2017, p. 364.

[24] El trolebús o más sencillamente trole es un vehículo eléctrico de transporte público para viajeros. Montado como un autobús, no es propulsado por un motor térmico, sino por un motor eléctrico. Se le proporciona su corriente mediante dos catenarias, generalmente llamadas líneas aéreas de contacto. La parte que relaciona el bus con la línea eléctrica se llama trole (del americano Trolley que significa «carretilla»). La analogía con el cable-hilo del trolebús es interesante por lo menos por dos razones. La primera es que el contacto del trole con el hilo no es fijo, sino que al contrario, cambia sin cesar, adaptándose a los continuos movimientos del bus, al tiempo que conserva la conducción eléctrica. La segunda, porque el vínculo eléctrico es bifilar (conlleva dos hilos), lo que permite la circulación eléctrica de forma bidireccional – ida y vuelta. (N.d.T.)

[25] 24 Becker Rollin, La vie en mouvement, Sully, Vannes, 2012, p. 69.

[26] Frymann, Viola M. What’s in a name ? Yearbook AAO 1972 pp. 14-12. Retomado en The Collected Papers of Viola M. Frymann, American Academy of Osteopathy, Indianapolis, 1998, p. 278.