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El reconocimiento público de otras profesiones más modestas[3]

El propio número de médicos alópatas, de dentistas y de enfermeras, indica claramente la visibilidad y el dominio social de dichas profesiones sanitarias. Se han repartido unos campos y unas actividades que son reconocidos como que forman parte de sus competencias profesionales.

Pero las grandes cifras no lo dicen todo. Las profesiones sanitarias mucho más modestas como la optometría, la podología y la quiropraxia, tienen un verdadero reconocimiento por parte del público, y la gente tiene una importante comprensión del alcance de los servicios que aportan los miembros de dichas profesiones.

Cada una de esas profesiones ha obtenido una clara identificación de cara al público, a partir de un área particular del cuerpo humano: a saber, el ojo, el pie, la columna vertebral. Por otro lado, el público identifica los campos de aplicación de la optometría y de la quiropraxia, y les reconoce un diagnóstico, así como unas modalidades terapéuticas específicas: a saber, la refracción y las gafas correctoras, el diagnóstico y la manipulación vertebral. Por miedo a que un D.O. se oponga a esta última aserción, debemos recalcar que en la actualidad, casi el noventa y cinco por ciento de los actos de manipulación vertebral son realizados por los quiroprácticos.

Más impactante todavía y chocante es el hecho de que unos grupos extremadamente reducidos de profesionales de la salud[4], principalmente los acupuntores y los médicos homeópatas, debido a sus marcadísimas diferencias por lo que respecta a las creencias y a la práctica, en comparación con la medicina convencional, son más conocidos –por lo que hacen– que los médicos osteópatas.

La invisibilidad social de la profesión médica osteopática

Una de las mayores ironías del notable desarrollo de la medicina osteopática a lo largo de las últimas décadas es la siguiente: mientras que la profesión ampliaba su programa de estudios y conseguía para sus profesionales las mismas prerrogativas legales que los M.D[5]., los D.O. se volvieron menos reconocibles que los M.D. De modo que, aun cuando el número de médicos osteópatas crecía, a nivel social, la profesión perdía de su visibilidad.

Esa invisibilidad social tuvo numerosas y severas consecuencias para la profesión. Yo llamo a dichas consecuencias, el síndrome de invisibilidad osteopática.

Desde un punto de vista macroscópico, el síndrome de invisibilidad osteopática ha llevado a las organizaciones legisladoras, a nivel federal y de los Estados, a presentar unos proyectos de ley que no tienen en cuenta la medicina osteopática, a los planificadores en cuidados médicos a no referenciar los médicos osteópatas en sus previsiones; a los periodistas médicos a ignorar las aportaciones de los D.O., y a las compañías de seguros a hacer una discriminación con respecto a los médico osteópatas.

Cierto es que las asociaciones y las instituciones de la profesión han trabajado continuamente para mantener los intereses de la profesión frente a esas importantes organizaciones. Pero esa labor es extremadamente difícil puesto que, para empezar, dichas organizaciones tienen muy poca, si es que tienen alguna, comprensión de la medicina osteopática.

Si se conociesen de manera universal las aportaciones de la profesión médica osteopática a la Salud Pública, se solicitaría natural y automáticamente su participación, en lugar de tener que esforzase tanto a última hora para asegurarse de que esas ignorantes organizaciones, pero importantes, conozcan la medicina osteopática y su punto de vista.

Desde un punto de vista microscópico, los mismos D.O. experimentan personalmente el síndrome de invisibilidad. Cualquier profesional que se posiciona cara a una tercera persona como D.O., o médico osteópata, inevitablemente dará lugar a la siguiente pregunta: « ¿Qué es un D.O.?». Incluso después de la explicación de lo que es un D.O., con mucha probabilidad el interlocutor le hará unas cuantas preguntas adicionales como « ¿Cuál es la diferencia entre un D.O. y un M.D. ?», y « ¿Qué diferencia hay entre un D.O. y un quiropráctico?

No cuenta el número de personas que serán informadas adecuadamente por un D.O. a través de esa relación directa de persona a persona, siempre quedarán muchas más que no conocerán nada acerca de la medicina osteopática.

Nada más comenzar sus estudios de medicina osteopática, los hombres y las mujeres que eligen dicha profesión, ya saben que tendrán que enfrentarse a ese problema de identidad, y por lo menos –a nivel teórico– están dispuestos a hacerlo. Sin embargo, se coloca un peso específico sobre los hombros de los cónyuges de los D.O., quienes también «adquieren» una identidad médica osteopática, así como sobre los de sus hijos/as, los cuales «heredan» de la misma identidad. Los miembros de la familia deberán explicar lo que hace su cónyuge, o su padre/madre, incluso algunas veces, tendrán que «defender» la profesión frente a unas creencias erróneas.

Mientras que algunos D.O. y sus familias respetivas se alegran y aceptan ese reto educativo, otros simplemente se resignan «a componer con», y acaban sometidos a la situación. Otros más intentan acomodarse a dicha carga, disimulando, incluso omitiendo su título de D.O. de su placa profesional, de sus tarjetas, del encabezado de su correo profesional, y no se presentan como médicos osteópatas. Esa estrategia personal perpetúa de forma voluntaria la invisibilidad social y agrava el problema de la profesión.

Desde el punto de vista de los consumidores, el síndrome de invisibilidad osteopática lleva a unas elecciones desprovistas de información en la selección de los profesionales y de los servicios de los cuidados sanitarios. Al no tener en cuenta a los D.O. o a los servicios médicos y quirúrgicos osteopáticos, debido a unas informaciones engañosas o insuficientes sobre la profesión, los pacientes pueden no beneficiarse de alternativas viables y de terapeutas con un alto nivel de competencias y de conocimientos. Mantengo que desde el punto de vista de la ética médica y de la salud pública, la profesión médica osteopática tiene la obligación de asegurarse de que los americanos saben lo que es la medicina osteopática y lo que hacen los D.O.

Educar al público y transmitir un mensaje claro

Los miembros de la profesión médica osteopática y los responsables de sus asociaciones e instituciones, desde hace tiempo saben que por muy importantes y vitales que sean los esfuerzos de educación a nivel individual, sólo pueden llegar a un número reducido de americanos. En las décadas anteriores, la profesión probó con distintos medios para educar al público. Incluyendo unos métodos estándares de relaciones públicas, como la publicación de revistas profesionales; la formación de un servicio de portavoz; el apoyo por parte de los periódicos, revistas y programas de televisión para que transmitiesen noticias e historias con una finalidad humanitaria sobre los D.O.; la producción de cortometrajes, videos, audios y anuncios públicos sobre la profesión; la publicación de folletos y trípticos; la contratación de publicidad en periódicos y revistas elegidos en base a franjas específicas del mercado.

Todos esos esfuerzos de relaciones públicas tienen mérito, y podemos argumentar que sin esas medidas, la visibilidad de la medicina osteopática todavía sería menor que lo que es hoy en día. Sin embargo, el resultado es que esas estrategias no han conseguido producir la visibilidad pública que los médicos osteópatas y la profesión médica osteopática tienen derecho a esperar.

¿Qué puede hacer la profesión médica osteopática para acabar con el síndrome de invisibilidad?

En primer lugar, la profesión necesita tener una identidad claramente definida. Lo he argumentado en otro artículo, que para sobrevivir y prosperar en los años venideros, la medicina osteopática deber proceder a ciertas reformas, de modo que aparezca como una profesión sanitaria «paralela y diferente». 

No basta con que los miembros de la profesión médica osteopática digan al público, a las previsoras económicas, a las organizaciones de salud y otras, que los D.O. son médicos cualificados, que equivalen a todos los niveles a los MD. El razonamiento intelectual y práctico para justificar una profesión «paralela», es que la filosofía, los estudios y el contenido de la práctica de la medicina osteopática, difieren de manera significativa, lo suficiente como para justificar y mantener una profesión «paralela».

Creo que cuanto más «diferente» sea la profesión médica osteopática, mayor será la probabilidad para que la profesión incremente su visibilidad y su identificación. La «diferencia» de la medicina osteopática debe estar en el meollo de cualquier mensaje dirigido al público. Sea cual sea la forma de las relaciones públicas, el mensaje debe definir claramente, de forma coherente y con precisión, la medicina osteopática, y diferenciarla de los demás sistemas sanitarios médicos. Dicho de otro modo, el mensaje no debería ser: «la medicina osteopática», sino «la especificidad de la medicina osteopática».

Una prioridad social mayor para la profesión osteopática debe ser la educación de la masa pública. La inversión de la profesión en las relaciones con el público ha sido simplemente inadecuada para permitir un cambio significativo, tanto en su conocimiento como en su actitud.

Los D.O. deberían desengañarse respecto a la idea de que sólo es una cuestión de tiempo antes de que una obra dramática médica televisada proponga un papel de primer plano a un médico osteópata, y por ende, informe al público americano acerca de la existencia de la alta calidad de la medicina osteopática, con un coste cero para la profesión. Es más probable que los programas de televisión hagan figurar personajes D.O. en sus escenarios cuando el público sepa lo que son los D.O. y no al revés.

Del mismo modo, es probable que los medios de comunicación cubran adecuadamente las actividades de la profesión osteopática y de sus miembros, una vez que la profesión haya tomado la decisión de identificarse.

La campaña de información, decir la verdad, transformar el estatuto social

Creo que lo que hace específica a la medicina osteopática sólo puede llegar a ser conocido por la mayoría de los americanos a través de una gran campaña de información, sistemática y sostenida, tanto desde las radios como desde la prensa escrita. Esta campaña también debería incluir el uso de nuevos equipos para las consultas de los médicos osteópatas. Este esfuerzo debería centrarse en la presentación de la profesión mediante una imagen honesta y precisa.

La meta principal de esta campaña de información sería crear una mayor consciencia en el público de lo que hace específica a la profesión médica osteopática, tanto en el plano filosófico, como a nivel de su sistema de estudios y de su práctica. Pondría en valor las aportaciones de las escuelas de medicina osteopática, de los hospitales acreditados por la A.O.A, y de las asociaciones médicas osteopáticas. Abordaría unos temas como el reconocimiento de los títulos, las licencias estatales, y su homologación por un registro. Se centraría sobre unos D.O. representativos que evocarían sus vidas como verdaderos osteópatas, tratando a verdaderos pacientes.

Asimismo, dicha campaña explicaría que los D.O., históricamente, han ejercido en regiones pobres y que administran cuidados sanitarios de primera necesidad en el país. También describiría cómo el diagnóstico palpatorio y el tratamiento mediante los ajustes, se integran en la formación y la práctica médica osteopática.

Cuando la campaña alcance su pleno rendimiento, suscitará el interés entre los miembros de los medios de comunicación, los cuales, podrán empezar a realizar reportajes independientes sobre la profesión.

¿Cómo la profesión osteopática podría no cambiar después del éxito de una campaña de información, honesta y sin bombardeo publicitario?

Una visibilidad profesional incrementada llevaría a mejorar la viabilidad profesional. Al remediar el síndrome de invisibilidad osteopática, la profesión eliminaría las barreras psicológicas e institucionales a la hora de hacer uso de los servicios médicos osteopáticos. Todas las oposiciones y las resistencias que se mantienen para integrar los D.O. dentro de las previsiones médicas y de los servicios hospitalarios se desvanecerían. Automáticamente, los legisladores tendrían en cuenta los puntos de vista de la profesión al preparar las legislaciones sobre la salud. La solicitudes de admisión en las escuelas de medicina osteopática aumentarían y un número mayor de postulantes estaría informado acerca de la medicina osteopática. Las ocasiones para recaudar dinero para las escuelas médicas osteopáticas y los hospitales acreditados por la A.O.A aumentarían, dando a entender que un mayor número de personas, corporaciones y fundaciones estarían informadas y apoyarían la profesión.

A nivel individual, los D.O. por fin, podrían pretender presentarse a un desconocido y esperar que éste supiera lo que es la medicina osteopática y lo que hace un D.O. Del mismo modo, los familiares de los D.O. se sentirían seguros a la hora de mencionar la profesión de sus cónyuges o de sus padres, sin tener que acabar en un intercambio prolongado de preguntas y respuestas.

Para resumir, decir la verdad sobre la medicina osteopática a todos los americanos transformaría, de forma significativa, el estatuto social de la profesión médica osteopática y abriría la puerta a numerosas ventajas a nivel social.

La solución del dos por ciento

¿De qué manera esta campaña podría financiarse para una mayor movilidad y un mayor reconocimiento? ¿Y cuántos fondos se podrían recaudar?

La medicina osteopática es una profesión rica. Está claro que los D.O. trabajan intensamente, por lo tanto, la remuneración de sus esfuerzos es considerable. Se podría utilizar una pequeña parte de sus ingresos para la información del público.

Los D.O. podrían generar unos fondos suficientes para llevar a cabo una importante y significativa campaña de información, invirtiendo el 2% de sus ingresos anuales brutos. Si los D.O. en activo ganan una media de 150 000 dólares (133 654 €) al año, el 2% representa 3 000 dólares (2 674 €) por D.O[6].

Si cada uno de los 31 600 D.O. en activo, que en la actualidad no están haciendo el «MIR», contribuyese con una aportación del 2% de sus ingresos anuales brutos, la profesión podría contar con 94,8 millones de dólares (84,8 millones de euros) para cada año de campaña[7]. Lo que equivaldría a los presupuestos publicitarios de muchas empresas importantes en los Estados Unidos, y sería suficiente para evocar la historia de la profesión en su justa medida.

Es la «solución del 2%» de cara al síndrome de invisibilidad osteopática.

Esta campaña podría estar dirigida por una fundación sin ánimo de lucro y libre de impuestos. El Consejo de Administración de este organismo estaría constituido por personas con una gran reputación, elegidas por los médicos osteópatas y las asociaciones osteopáticas. Los miembros de la junta directiva no estarían remunerados, pero tendrían una completa responsabilidad con respecto a los donantes de los gastos invertidos. La junta emplearía y supervisaría a expertos competentes en la realización de informes, así como en la producción y distribución de materiales educativos.

Además de contribuir en la medida de sus posibilidades, los estudiantes, los estudiantes de último año – “los residentes”, los miembros auxiliares de la A.O.A y de las asociaciones médicas osteopáticas en cada estado, podrían desempeñar un papel crucial al solicitar aportaciones económicas para la campaña.

El dinero recaudado para la campaña se invertiría en publicidad tanto nacional como local. Se podría utilizar la mitad de la aportación de cada D.O. para la publicidad a través de los medios de comunicación nacionales, y la otra mitad para definir los medios de comunicación dentro y alrededor de la población donde ejerce el D.O.

¿Estarían dispuestos los D.O. a hacer una aportación deducible de los impuestos, a una asociación sin ánimo de lucro, y cuyo propósito exclusivo sería informar al público americano sobre la profesión médica osteopática?

Creo que la respuesta es que sí. Sin embargo, los D.O. sólo estarían de acuerdo en participar en tal fundación si se les asegura que se respetarán las siguientes condiciones:

  • La campaña sería digna y sincera;
  • Se podría confiar en la junta directiva de la fundación a la hora de utilizar hábilmente la totalidad de los fondos recaudados;
  • Las personas contratadas para realizar los elementos de la campaña tendrían los conocimientos y la capacidad para exponer la historia de la medicina osteopática con precisión y de manera exitosa.
  • El público americano se beneficiaría de la campaña, así como la profesión médica osteopática, las familias y los mismos D.O.
  • Si se puede iniciar la campaña y dirigirla de manera inteligente, la profesión médica osteopática se hará más fuerte. No sólo una profesión «paralela y distinta», sino también «visible y reconocida».

Notas

  1. Artículo de Norman GEVITZ, publicado en el JAOA (Journal of the American Osteopathic Association), en Marzo de 1997, Vol. 97 N°3, páginas 168 - 170. Traducción al francés: Patrick Blanvillain. Traducción al castellano Juan Bañuls Puig y Miguel Hernández Callejo.
  2. En 1981 la A.O.A (American Osteopathic Association) encargó a la Sociedad de la Relaciones Públicas Burson-Martseller que llevase a cabo una encuesta sobre las actitudes del público en relación a los cuidados sanitarios médicos y a los profesionales sanitarios. Sólo diez por ciento de las personas interrogadas identificaron correctamente lo que es un D.O. y lo que hace. Mi estimación de quince por ciento supone que se han producido progresos en el reconocimiento público durante los últimos dieciséis años. Por supuesto que la importancia del reconocimiento varía según las regiones y localidades.
  3. En cuanto al número de osteópatas (NdT).
  4. Se trata de los Estados Unidos (NdT).
  5. M.D: Medical Doctor (doctor en medicina) - (NdT).
  6. Sobre la base de un dólar a 0,894374 euros, representa 133 654 € y 2 674 € (NdT).
  7. Sobre la base de un dólar a 0,894374 euros, representa unos 85 millones de euros (NdT).

Referencias

  1. Gevitz N: The DOs: Osteopathic Medicine in America. Baltimore, Md, The Johns Hopkins Universisy Press, 1982, pp 137 - 148, 176.
  2. Gevitz N: "Parallel and distinctive": The philosophic pathway for reform in osteopathic medical education. JAOA 1994, 94 : 328 - 332.
  3. Azevedo D: Eamings in primary care: Which doctors do best. Medical Economics December 16, 1991: 68 (24) 72 - 92.

[1] Artículo de Norman GEVITZ, publicado en el JAOA (Journal of the American Osteopathic Association), en Marzo de 1997, Vol. 97 N°3, páginas 168 - 170. Traducción al francés: Patrick Blanvillain. Traducción al castellano: Juan Bañuls Puig y Miguel Hernández Callejo.

[2] En 1981 la A.O.A (American Osteopathic Association) encargó a la Sociedad de la Relaciones Públicas Burson-Martseller que llevase a cabo una encuesta sobre las actitudes del público en relación a los cuidados sanitarios médicos y a los profesionales sanitarios. Sólo diez por ciento de las personas interrogadas identificaron correctamente lo que es un D.O. y lo que hace. Mi estimación de quince por ciento supone que se han producido progresos en el reconocimiento público durante los últimos dieciséis años. Por supuesto que la importancia del reconocimiento varía según las regiones y localidades.

[3] En cuanto al número de osteópatas (NdT).                                     

[4] Se trata de los Estados Unidos (NdT).

[5]M.D: Medical Doctor (doctor en medicina) - (NdT).

[6] Sobre la base de un dólar a 0,894374 euros, representa 133 654 € y 2 674 € (NdT).

[7] Sobre la base de un dólar a 0,894374 euros, representa unos 85 millones de euros (NdT).