Palpación e inducción

Palpación e inducción

Lo que nos propone es pura y simplemente una inducción.
Mientras que en nuestras clases de formación, nos ponen siempre en guardia, en contra de la inducción.
¡ Incluso nos prohíben inducir !

Esta actitud es consecuencia de un cierto desconocimiento de los procesos relacionales asociados con la vida. Es imposible comunicar sin inducir.

Me gustaría citar a Paul Watzlawick: « Cuesta imaginar un comportamiento, sea cual sea, de cara a otra persona, que no fuera una comunicación de la manera en la cual vemos nuestra relación con esa otra persona, y por consecuencia, una influencia sobre ella. El psicoanalista que permanece sentado en silencio detrás de su paciente tumbado en el diván, ó el terapeuta “ no directivo ” que “ no hace otra cosa que ” repetir las palabras de su paciente, ambos ejercen una enorme influencia por el simple hecho de su actitud y con mayor motivo al definirla como que no ejerce “ ninguna influencia ”. El problema no es tanto evitar la influencia y la manipulación, sino comprenderlas mejor y usarlas en beneficio del paciente. » [1]. Aunque esta cita concierne concretamente a la terapia psicológica, creo que se puede aplicar a cualquier relación, incluyendo la nuestra.

Pensar que es posible comunicar sin inducir es una utopía y enredarnos con esta utopía nos  lleva a realizar comportamientos irreales, tal como pensar que no inducimos al comunicar con los demás. Como la estructura viva responde frente a nuestra presencia, tengamos consciencia de ello o no, si rechazamos la idea de la inducción, no podemos interpretar adecuadamente los hechos que se producen, puesto que de esa forma, se producen sin nosotros saberlo.

Una posición mejor consiste en aceptar la inducción como algo inevitable y adoptar una actitud que nos permita controlar una parte de la relación : inducir conscientemente.

Sólo con una inducción consciente podemos interpretar las respuestas con alguna fiabilidad.

Evidentemente, este cambio de actitud, obliga al osteópata a implicarse en la relación terapéutica de una manera que quizás no había considerado nunca antes. Entonces, puede ser más cómodo adoptar una actitud de rechazo, manteniéndose fuera de todo esto, aunque creo que esa manera no se corresponde con la verdadera naturaleza de las cosas. Por otra parte, esto me parece estar en poca conformidad con la idea osteopática que desarrolla un punto de vista más humano de la relación terapéutica.


[1] Watzlawick, Paul, 1975. Changements, paradoxes et psychothérapie p. 14. Le Seuil, Paris, 192 p., ISBN : 2-02-002723-2.