¿ Hay reacciones ?

Todo cambio brusco de uno o varios elementos en el interior del organismo comporta una confusión que este organismo intenta reducir para crear un nuevo orden, una nueva armonía que le sea favorable y le permita mantener un buen funcionamiento. El traumatismo es el ejemplo típico de esa clase de trastorno a nivel mecánico.

El terapeuta que trata su paciente busca y libera zonas de tensión. Crea cambios en la organización mecánica del cuerpo. De ello resulta un cierto desorden. El cuerpo se ve obligado, después de esta modificación, a crear un nuevo equilibro. Un terapeuta que lleva bien su tratamiento posee técnicas de ajuste que permiten ayudar al organismo a mantener el mejor equilibrio posible a lo largo de la sesión. Será el organismo solo el que realice el trabajo de ajuste íntimo y profundo que el terapeuta no puede efectuar y para el cual se necesita un cierto tiempo.

Esas fases de ajuste y las reacciones que se producen, varían de una persona a otra. Para algunos, esta fase pasará casi desapercibida ; para otros, se manifestará de forma muy importante. Las principales manifestaciones que pueden aparecer tras una sesión son las siguientes :

Justo después de la sesión, el paciente puede tener una sensación de gran relajación y ligereza.

La primera reacción es la fatiga. Esta puede aparecer en los minutos o en las horas que siguen a la sesión y durar desde algunas horas a dos o tres días.

  • Una reacción frecuente que acompaña a veces a la fatiga es, además de la lasitud, la sensación de haber sido apalizado. El paciente puede sentir como dolores gripales difusos, profundos, internos. Esto también puede durar un día.
  • Las dos primeras reacciones son debidas al hecho de que toda zona de retención en el cuerpo es una zona de inmovilidad. Los diferentes flujos que transitan normalmente por esta región se estancan. Toxinas y residuos, no eliminados por el cuerpo se estancan. Liberar la región pone de nuevo esas toxinas en circulación y obliga al organismo a filtrarlas. La persona tiene agujetas como si hubiese hecho un esfuerzo importante. Estas reacciones pueden ser proporcionales a la importancia y a la cantidad de las zonas que han sido relajadas.
  • Otra reacción puede ser la reaparición o la exacerbación del dolor que se manifiesta el día siguiente o dos días después de la sesión y que puede durar dos o tres días. Este tipo de reacción es debida al hecho de volver a poner en orden movimientos o funciones ejercidos por esta región que se encuentra de nuevo fuertemente solicitada.

Es por ello que durante los tres días que siguen a una sesión de osteopatía, nada es muy significativo. Puede ser normal sentir fatiga y dolores, lo que no es signo de fracaso.

Estas reacciones explican porqué las sesiones no deben ser muy seguidas. El organismo necesita por lo menos una semana para “digerir” una sesión ; antes de esto, una nueva intervención crearía más perturbaciones que bienestar. Algunos terapeutas incluso separan aún más sus sesiones.